miércoles, 18 de marzo de 2015

¡Ey sí! ¡Así hablan los trinitarios!


Que no me dejen mentir los trinitarios que ahora mismo me lean. ¿Quiénes no han visto el estupor de otros cubanos cuando nos escuchan ciertas palabras y expresiones? De entre tantos rasgos que nos caracterizan a los nacidos en Trinidad, el rico acervo lingüístico —lejos de ser motivo de rubor—, resulta uno de nuestros tesoros más preciados.

Nos enorgullecemos cuando hablamos, o cuando saltan los vocablos típicos de estas tierras al centro sur de Cuba. Si me preguntan ahora mismo si me siento orgulloso de cómo hablo, respondo sin problemas: —¡Ey, sí! Valor el tuyo si piensas que cualquier perturbo va a venir a criticarme. Eso está choteao…

Por estos días leo un ensayo excelente sobre el lenguaje trinitario. El texto no tiene mucho que añadir a quienes crecimos en estos lares pero, por suerte para otros, este es el primer libro (al menos que yo conozca) que aglutina muchas de las expresiones que un lugareño de la tercera villa de Cuba ha exhibido por años con un orgullo particular.

Me refiero al texto Vox populi trinitaria, del investigador y trinitario adoptivo Ricardo Reyes Perera, un buen manual sobre cómo los habitantes de la villa de la Santísima Trinidad, por obra y gracia del aislamiento geográfico, de su opulencia y desolación a lo largo de siglos, nos hemos hecho de una manera de hablar que a todo el mundo fascina. A continuación ofrezco un estracto de las expresiones más conocidas recogidas en este libro:

Cagá: es un sustituto de mierda, de basura, de mal hecho o pésimo ser humano. Preferimos decir: esa fiesta fue una cagá, o ese hombre es un cagá…

Estijera: yo diría que es un vocablo emparentado con el clásico error haiga (espero que haiga luz, ojalá no haiga mucha cola). Se deforma su uso en el hablar cotidiano y así, en lugar de decir tijera, muchos dicen estijera (no yo, que conste).

Mamía: uno de las expresiones más usadas y particulares de los trinitarios. Es resultado de la unión de la frase "alma mía" y se usa en contextos para hacer llamar la atención del otro. Ejemplo: ¡Mamía, hasta cuando vas a estar aquí! Ó ¿Cómo te sientes, mamía?

Manguera: Lo típico, cuando uno sale del terruño, es confundir a su interlocutor cuando conversa, y hacerlo pensar que hablamos de la tubería plástica por donde brota el agua. Pero no, este es el nombre que usamos para aludir a la plantación de mangos.

Perturbo: es el individuo molesto, inoportuno, alguien que perturba el momento.

Reata: hasta antes de leerme este libro no sabía que el vocablo era oriundo de mi tierra natal. Siempre creí que así le llamaban todos a esos canteros pequeños que tenemos en el patio de casa, donde sembramos plantas ornamentales o frutales.

Sollejo: resultado del cambio de la palabra hollejo: la piel que cubre, debajo de la cáscara, a la fruta de la naranja. Muchos también le llaman gollejo.

¡Va!: Esta interjección es clásica, es sustituta de cualquier expresión afirmativa. Ejemplo: —Pedrito, tienes que ir a fregar — ¡Va! (Cuando alguien llama a la puerta, suele responderse con esta expresión igualmente).

Cocoso: ¿Quién de niño no le gritó a un amiguito, diente cocoso? Es la palabra que caracteriza a un diente sucio, dañado, en muy mal estado…

Sencillo: el cambio semántico de esta palabra es curioso porque afecta su significado a tal punto que de virtud pasa a ser defecto. En Trinidad, alguien sencillo no es modesto, humilde, sino alguien vanidoso, ostentoso, autosuficiente, que se cree muchas cosas…

Valor tuyo: Según el autor del texto en cuestión, esta es una frase usada para negar con énfasis y se usa mayoritariamente por jóvenes y personas de mediana edad. Presenta variantes como ¡El Valor! ¡Valor el tuyo! ¡Valor! ¡El Valor! Ejemplo: ¿Le vas a pedir perdón? —¡Valor el tuyo!

Eso está Choteao: Frase utilizada para desmentir con mucho énfasis. Ejemplo: —¡Tú no fuiste al desfile! —¡Eso está choteao! Yo sí fui.

¡Ey sí!: La dejé de última por su popularidad, razón para darle título al post. Es la frase clásica que nos descubre como trinitarios, un tipo de sello atractivo y adictivo que la mayoría de los cubanos adoptan cuando tienen relación con algún trinitario. Es una expresión para afirmar o confirmar lo dicho por otros.

No vi en el libro palabras a las que siempre consideré autóctonas: pajú, que designa a la persona que tiende a masturbarse demasiado y en lugares públicos; alcarroza, nombre con que muchos bautizan las carrozas que adornan las fiestas sanjuaneras de la localidad; y cundango, que designa a los hombres homosexuales.

Si llegaron hasta aquí coincidirán entonces en que nuestro acervo lingüístico es exquisito. Los trinitarios podemos sentirnos orgullosos no solo de nuestros edificios, de nuestras calles y costumbres. No obstante, tienen a disposición este libro Vox populi trinitaria, de Ricardo Reyes Perera, para aquellos que quieran ahondar en cuestiones científicas más profundas, y en otros aspectos como los pregones y los apodos. De ahí extraje los vocablos que a mi juicio creí más conocidos, pero... ¿Tú que ahora mismo me lees, cuáles son las palabras o expresiones de Trinidad que conoces y pudieron faltar aquí?

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