miércoles, 4 de marzo de 2015

Del paquete, la televisión y otros demonios


Servido aun sobre la mesa, el debate sobre el Paquete Semanal continúa robando el sueño de no pocos funcionarios e intelectuales cubanos. Figuran las mismas preocupaciones ¿Cuán nocivo resulta? ¿Qué intenciones hay detrás de sus hacedores? ¿Es realmente una herramienta para enajenar la conciencia sobre el contexto de nuestros ciudadanos? Sin embargo, pocos se detienen a preguntarse sobre su futuro en un país que apuesta por el libre acceso a Internet.

Por suerte, y tras las declaraciones de personas tan puntuales como Abel Prieto, Asesor del presidente, o Fernando Rojas, viceministro de cultura, la idea de prohibirlo cae barranca abajo. Por mucho ha primado la idea de que lo más inteligente resulta idear la propuesta no solo oportuna, sino lo suficientemente ambiciosa y abarcadora que pueda hacerle frente. Proyecto este, en el cual han sucumbido buena cantidad de experiencias.

Aventuras como la televisión digital, la especialización de canales, o la creación de la propuesta alternativa Mi Mochila, —si se tiene en cuenta la primacía que aun conserva el paquete en el gusto de las mayorías— devienen intentos sin resultados objetivos. O quizás no, quizás debamos agradecerle a algún Dios por esta suerte de prueba divina, de preámbulo para cuando vengas los días en que desde la computadora uno pueda buscar la información que desee.

Pero en estos tiempos —los tiempos de la Cuba off line, los tiempos de la conexión telefónica cuando ya existe la WIFI—, a la intelectualidad, con bastante razón, le preocupa el impacto de ese aluvión de audiovisuales con objetivos bien articulados de sembrar ideologías en la audiencia, al parecer, virgen en cuanto a diversidad de criterios.

Consumo audiovisual extranjero ¿un verdadero peligro para la ideología socialista cubana? La aparición de mayor pluralidad de gustos y la necesidad de los cubanos de interpretar libremente la realidad externa sin un mediador político ideológico se abrió con la llegada de los noventa, tras el derrumbe del campo socialista y del Período Especial. Antenas Parabólicas e Internet clandestina, DVD, memorias flash, se abrieron paso cual si fueran descendientes de la manzana prohibida.

A todo esto se sumó el resquebrajamiento de la siempre humilde televisión nacional. La crisis económica melló las posibilidades reales de acondicionarla a los nuevos tiempos, y terminó por crear una herida en los procesos de creación y en el buen gusto de los programas de factura nacional. Producciones mediocres, disminución del talento artístico, pobre visualidad y escasas propuestas de valor artístico terminaron por ocasionar un divorcio entre el televisor y la audiencia cubana, que redundó en la huida del público hacia nuevos soportes de ocio e información.

Sin embargo, esas propuestas alternativas devinieron eco de lo que siempre rechazó el proyecto revolucionario cuando concibió una televisión alejada del mercado, más enfocada en un corte educativo-instructivo que de mero show recreativo-comercial. La dicotomía se planta sobre la mesa: banalidad vs. cultura, arte vs. mercado, extranjerización vs identidad nacional. El debate se sirve, se prueba; se busca una mejor solución para las disyuntivas. Sin embargo, la solución no parece clara y vemos, por ejemplo, a un Instituto Cubano de Radio y Televisión que termina por convertir a los cinco canales nacionales en una versión caduca del propio paquete.

La preocupación por regresar al viejo anhelo de concebir una televisión nacional con criterios meramente culturales parece entonces morir sin remedio. Mientras los funcionarios continúan hundidos en el insomnio a lo largo y ancho del país, aparece otra solución a simple vista clara: es necesario formar una audiencia más crítica.

Lo anterior nos lleva a otro punto aparentemente distante: ¿y la culpa de que en Cuba no exista esa conciencia reflexiva y sí pasiva, de quién es? Para el crítico de cine y medios Gustavo Arcos Fernández Britto, profesor de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca) del Instituto Superior de Arte (ISA), son producto del fracaso de la red de instituciones de instrucción pública. “Si se quiere generar una conciencia crítica, un ser capaz de ir más allá de lo que ve, de disfrutar y también juzgar, hay que acabar de reconfigurar todo nuestro sistema de educación para que haga crecer a individuos con valores espirituales y humanistas, pero no para encerrarse en un castillo sino para dialogar con el mundo”, expresó en un artículo publicado en la revista digital El Caimán Barbudo.

En medio de este contexto, el 17 de diciembre de 2014 los presidentes de EE.UU. y Cuba anunciaron frente a las cámaras que se acercaba una nueva era de relaciones bilaterales entre ambos países. Una de las medidas incluye, con bastante interés de ambas partes, el fortalecimiento de las telecomunicaciones. Para muchos es la espera del tan soñado acceso libre y masivo a Internet.

Más recientemente, hemos conocido la noticia de las compañías norteamericanas que miran la sociedad cubana con ansias para alimentar sus intereses: el consorcio Apple, con su logotipo de la manzana mordida, emitió un comunicado que declara la autorización para comercializar productos en territorio cubano; la compañía Netflix, encarga de transmitir un extensísimo paquete de shows de televisión, series o películas a más de 57 millones de personas, anunció la apertura de sus servicios en Cuba; también se supo que ETECSA y la empresa norteamericana Domestic Telecom, INC. (IDT), terminaron una ronda de conversaciones con el objetivo de llegar a un acuerdo para interconectar ambos países, con lo que se espera mejoren la conectividad y las comunicaciones.

Con una computadora en casa a la que llegue no uno, sino cientos de miles de terabytes online, con videos, sonidos, textos de cualquier lugar, cualquier origen, cualquier propósito ¿Qué sentido tiene crear un Paquete Semanal? Y mejor aún ¿Qué sentido tiene debatirse su carácter nocivo? Destinado a desaparecer naturalmente, el Paquete por ahora resulta un buen ejercicio para que el Gobierno cubano y su intelectualidad hagan suyos los beneficios de ese aluvión comunicativo que se avecina, en aras de convertir sus potencialidades en beneficios, y no dejar que sus sombras empañen lo que tanto esfuerzo hemos querido mantener a lo largo de los años. Por ahora el camino es uno: reconfigurar de una vez por toda los mecanismos de ocio y entretenimiento cuando de cultura y audiovisuales se trata.

1 comentario:

  1. EL VERDADERO "PAQUETE" EN EL SENTIDO QUE S E USABA EN MIS AÑOS MOZOS, ES LA PROGRAMACION DE LA TV CUBANA, SALVO POCAS Y HONROSAS EXCEPCIONES.
    LA INTENCION DE POLITIZAR TODOI HA DEVENIDO EN LA REBELDIA APROPIA, SOBRE TODO, DE LAS NUEVAS GENERACIONES QUE ESTAN HASTA LA CORONILLA DE PROGRAMAS ULTRA POLITIZADOS Y CON UN DIDACTISMO QUE PECA DE RIDICULO.
    LA FALTA DE ALGO MEJOR HACE QUE LA POBLACION S E VAYA POR ALGO MAS LLAMATIVO, NO NECESARIAMENTE D E CALAIDAD. ( SE PUDIERA COMPARAR CON LOS QUE PREFIEREN COMPRAR LOS MAMARRACHOS QUE VENDEN LOS MEROLICOS ANTE LAS "CHEADAS" QUE VENDEN LAS TIENDAS RECAUDADORAS DE DIVISAS).

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