jueves, 3 de enero de 2013

¡Feliz fin del mundo!


A los cubanos casi nada nos agobia. Ni un ataque yankee, ni un período especial, ni mucho menos el Apocalipsis. Cuando el almanaque anunciaba la cercanía del 21 de diciembre de 2012, por acá por este pedazo de caimán en el Caribe no hacíamos otra cosa que invocar esa simpatía tan característica de nuestras tierras que Jorge Mañach  indagó como choteo.
Los días, que de tan normales podían dar miedo, no pasaban sin que alguien, aunque fuera una persona, no hiciera referencia al armagedón tan próximo. Y bien, que otra cosa habríamos hecho sino reírnos de los dificultades, pues como dice el refrán, si tus problemas tienes solución para que agobiarnos, y si no la tienen… ¿para que agobiarnos?
Por eso cada cubano hacía su versión personal del final de mundo. Algunos lo invocaban… “yo estaría contenta – decía Anabel, mi compañera de clases – por lo menos si es verdad lo de los mayas no tendré que estudiar Historia del Arte para la prueba de enero. Me convertiría en una partícula contenta”. Otros preferían alzar los brazos en son de indiferencia, y con la naturalidad más desconcertante expresar “eso es mentira”.
Hacia el jueves 20, ya el tema ocupaba los más alto de la opinión pública. Detrás de “Nos vemos el año que viene”, “buen año nuevo”, o “excelentes navidades”, la frase más ocurrente y contradictoria en la faz de la tierra brotaba por los labios cotidianos de Cuba “¡Feliz fin del mundo!” Se oía decir como guarnición de las felicitaciones, o tal vez como mecanismo de defensa para no tomar en serio algo supuestamente grande, o porque la negativa frente a una catástrofe era lo más recomendable para no caer en la absurda paranoia.
Y así fue, los días 21 y 22 de diciembre transcurrieron con normalidad, echando por tierra las tantas teorías desgarradoras que lograron provocar olas de suicido en el mundo y atiborrar los bolsillos de unos poco magnates de los medios de comunicación. Y en nuestra tierra, como regalo de Dios para los fanáticos apocalípticos, fueron las jornadas más hermosas de todo diciembre; el sol radiante y la temperatura de nuestro invierno otoñal, a la sazón de un cielo bien azul perturbado por apenas algunas nubes.
Hoy, cuando el 2012 se despidió junto con el 13 kaktún maya, nos queda, a algunos, la sonrisa dibujada de la falsedad del final, a otros el sinsabor de si por mala ventura alguna remota posibilidad podía llevar a hechos lo que en teoría estaba. De todas formas los cubanos teníamos razón y pasamos un feliz fin del mundo, llenos de la alegría para un 25 de diciembre tradicional, y una despedida sublime para decirle adiós a un 2012 donde, en materia social, significó un paso de grato avance para nuestra realidad.
¡Si todos los fines del mundo son como este, pues espero se repita el próximo diciembre!

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