martes, 7 de marzo de 2017

Diferencia y respeto


El ser humano, por naturaleza, es dado al respeto más que a la confrontación. Así pienso. Aun bajo diferencias culturales, políticas, religiosas, mientras no esté envenado por campañas emanadas desde los poderes nacionales, el hombre (y la mujer) prefiere el entendimiento y el raciocinio a la violencia. Cuando uno es parte de un negocio de renta de habitaciones a extranjeros, las posibilidades de encontrar similitudes y diferencias en todo el mundo tocan a la puerta de la casa, literalmente. De hecho, el desfile de personas llegadas de todas partes del mundo permite corroborar una vez más que el ser humano comparte más semejanzas que cualquier otra cosa. No existe un día en que me haya sentido inferior o superior a nadie. He sentido, eso sí, sana envidia de quienes tienen acceso a recursos y oportunidades que quizás mi contexto me ha negado; también me he sentido aliviado cuando son otros los desfavorecidos porque el contexto les ha privado de cosas con las que a mí me ha premiado.

Por mi casa han pasado blancos, negros, moros, asiáticos. Muchos creen en dioses diferentes al mío y otros simplemente no creen. Muchos, como yo, abrazan la izquierda, el progreso de los pueblos. Otros andan siempre con su mano derecha, creen en el sueño americano y en el libre mercado. Pero incluso allí, hemos sido capaces de conversar juntos, de debatir y de entendernos. Hemos llegado a puntos medios: por lo general, todos queremos el bienestar humano, cada cual desde su perspectiva.

En la semana del luto por la muerte de Fidel Castro, tuvimos una chilena de mediana edad con la que hicimos unas migas extraordinarias. Una mujer de una decencia incalculable y un sentido muy hermoso de la amistad. Todo el tiempo se mostraba respetuosa con el asunto del fallecimiento del Comandante, preguntaba mucho, curiosa, sobre cómo funcionaban ciertas cosas. Nosotros le hablábamos desde nuestra perspectiva socialista, ¿de qué otra manera? Solo el último día supimos su afiliación pequeño burguesa, sobre cómo aborrecía a Salvador Allende y defendía ciertas políticas de Augusto Pinochet. Boquiabiertos nos quedamos.

Si leer nos traslada hacia el país que queramos, conversar con extranjeros nos permite adentrarnos en el corazón de cada cultura, diseccionar mentalidades, entender el porqué de tantos estereotipos y percatarnos de cuán falsos pueden ser (los estereotipos). Creo, por ejemplo, que los europeos suelen ser fríos, pero tienen una capacidad extraordinaria para dar y recibir calor, que los norteamericanos piden un mejor país para ellos, que los chinos tienen unas ganas enormes de que se les entienda más… Creo, además, que nadie es más inteligente que nadie por su país de origen, color de piel o sexo. Sí existen personas más incultas porque sus gobiernos así lo quieren. La ignorancia ha sido un arma factible de dominación.

Ojalá y fuera parte de las agendas gubernamentales programas de intercambio cultural masivo, donde pueblos enteros pudieran intercambiar juntos. Ojalá todos tuvieran la posibilidad de viajar alrededor del planeta. Ojalá no hubiese tanta ignorancia entronada en las culturas para que parásitos como la xenofobia y la discriminación no se alimentaran de la mente humana y puedan hasta devenir máxima de presidentes (Donald Trump). Ojalá y todos fuéramos capaces de desvestir nuestras diferencias y de poner sobre la mesa nuestras similitudes. Respeto, le llaman algunos.

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