martes, 20 de diciembre de 2016

Turistas


Al alza del turismo, leal amiga nuestra

Existe una ciudad en Cuba que está habitada por turistas. Una ciudad de 500 años y estilo colonial, como una pequeña Varsovia en el centro sur de una isla en el Caribe por donde pasan cada día unos 1500 visitantes y donde sus propios habitantes igual parecen andar de pasada.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y Del Espíritu Santo, les voy a contar la historia de Trinidad. Aunque, llegado el caso, sería mejor escribir en el nombre del trinitario, y del turista, y del santo espíritu del CUC. Pero como del CUC y los trinitarios ya se ha hablado bastante, yo mejor me quedo con los turistas. Y ya si la cuestión es de intertextos sobre la santísima trinidad, pues de los visitantes foráneos me encargo en el nombre de los hostales, las paladares y las/los jineteras/ros.

Turistas ha habido siempre desde que el mundo es mundo. Turistas serían hasta los dinosaurios y el meteorito que cayó en Yucatán (buscaba Cancún, imagino). Turistas fueron los israelitas que moraron por siglos en Egipto y turistas fueron las plagas que los llevaron de regreso. Turista Alejandro Magno por los alrededores del Egeo y la Grecia helenística.

Turistas fueron los romanos, que se instalaron en África y Europa como Pedro —como César— por su casa. Turistas fueron María y José montados en burrito camino a Belén, cuando no existían patentes de hostales y aun así pedían posada. Turistas los cristianos de catacumbas y turista Constantino cuando fundó Constantinopla. Turistas los moros que invadieron Hispania y turista Colón cuando llegó al Caribe. Turista fue toda Europa cuando tocó América. Turistas los españoles en Cuba, y los norteamericanos después. Benditos turistas que dieron luz a Martí, malditos turistas que poblaron La Habana cincuentera con la mafia.

Turista el primer hombre que visitó la luna.

Turistas fueron los rusos que instalaron cohetes y turistas los navíos que rodearon La Habana. Turista mi padre y muchos compatriotas más cuando lucharon en Angola. Turistas los médicos, los educadores, los artistas de misión. Turista hasta yo cuando paso por la capital que dicen es de todos los cubanos.

Turista fue Diego Velázquez cuando le dio por plantar cruces a diestra y siniestra por toda Cuba y gustó de plantar la tercera en estos predios. Turista Alejandro de Humbold en las calles de una Trinidad antiquísima. Turistas los corsarios y piratas que definieron el trazado de nuestras calles. Turista, al principio, la imagen del Cristo de la Vera Cruz que mora en la Parroquial mayor. Turista la caña que pobló de riqueza el Valle de los Ingenios y turista la miseria que también se sembró.

Ah, pero ninguno de ellos tuvo verdadera alma de turista, o, a manera de neologismo, alma de “turistador”. Pues sépase que hoy en esta porción de ciudad, esta especie de Varsovia cubana y caliente llamada Trinidad, se sabe y hay que saber de turistas.

Hay que saber, por ejemplo, proponer bienes y servicios: en nombre de la paladar: “amigo, cena especial esta noche en…”; en nombre del hostal: “mai fren, mai fren, habitación buena, availabel run”; en nombre de la/el jinetera/ro: “Hola, ¿se te ofrece algo? Where are you from? …”. Y hasta un último recurso, el de las pedigüeñas, harapientas personas que no lo son tanto y aun así reciben todo cuanto pueden de los turistas para revender después.

Es un arte, señores, saber de turistas.

Porque hay Turistas analíticos: Observadores, calculadores, preguntadores. Turistas amigables que siempre se están riendo, que quieren saber más de uno. Turistas exigentes, prepotentes, que exigen explicación. Turistas conversadores que se van del tema, indiscretos. Turistas con el ceño fruncido que critican y juzgan y se creen superiores. Turistas con licenciaturas en Oxford, autosuficientes. Turistas quejumbrosos. Turistas indecisos. Turistas reservados. Turistas judíos, turistas cristianos, turistas mahometanos. Turistas exóticos. Turistas que huelen muy bien y turistas que huelen muy mal.

Y es un arte, señores, saber de turistas. Aunque haya equivocaciones, aunque se vaya ese margen de error que cada obra humana tiene en este mundo. Como cuando otro cubano es inquirido por habitación, por paladar, por chica/chico. Como cuando un “how are you” es seguido de un “soy de aquí mi tío” y luego un rubor con risa nerviosa.

Y que no se diga que no trae beneficios. No solo los consabidos dividendos económicos, que ya lo suponemos. Trae cultura, trae conocimiento. ¿Alguien conoce en otro lugar de Cuba algún guardia de seguridad que pueda contar la historia de fundación, gestación de lo criollo, invasión de corsarios y piratas, plantaciones, esplendor y decadencia económica de su ciudad? Yo lo conocí una vez, en la loma de la Vigía, custodiaba la torre de televisión.

Beneficios del turismo son muchos, o si no, ¿de qué hubiese servido que también fuesen turistas el meteorito de Yucatán, los israelitas en Egipto, las plagas, Alejandro Magno, los romanos, María y José, los cristianos de las catacumbas, Constantino, Colón, españoles, norteamericanos, padres de Martí, el primer cosmonauta, mafiosos en la Habana, soviéticos, cubanos…?

La historia, definitivamente, está contada por turistas. En Trinidad yo la cuento en el nombre de los hostales, las paladares y las/los jineteras/ros.

2 comentarios:

  1. Sabes q tienes toda la razón en lo escrito.no creo q otro lo pudiera visualizar y darle ese toque jocoso y especial.esa es nuestra Trinidad y nuestro pueblo luchando los q pueden y criticando los q no hacen nada..por sobrevivir..saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Raysa por pasarte por el blog. lo digo con mucho conocimiento de causa, trinitario al fin. Saludos.

      Eliminar