martes, 27 de septiembre de 2016

Disquisiciones en un día de lluvia



En Trinidad, a esta hora de la tarde, ya han caído más de 200 milímetros de lluvia. El día, como es de suponer, es más que gris. Es solitario. El techo de mi casa me protege del diluvio, pero se convierte en cárcel. Una cárcel donde no entra el agua a mi cabeza pero moja sin piedad el corazón. Un corazón distendido por malas pasadas, por desengaños y nostalgias. Nostalgias que aparecen en forma de letras, como si quisieran que yo las escribiera impías, desechas, enojadas.

La lluvia tiene esos efectos sobre los estados de ánimos. Y sobre el alma, que en el día de hoy ha aparecido muy mojada y la he descubierto sucia y limpia, llena de penas y glorias, de ángeles y demonios, de miserias y plenitudes. Contradictoria.

Llena de indiferencia:

Cuando no escampa fuera y a uno lo da por tirarse en la cama con el pelo enmarañado. La vida da igual y da vueltas y se queda y sigue. Las cosas no parecen tener nombre, ni la cama, ni la oscuridad, ni la humedad, ni el vacío que rodea los pensamientos. Suena en el altavoz Clean Eastwood, de Gorillaz, I ain´t happy, i´m felling glad/ I got sunshine, in a bag/ I´m useless, but not too long… Y yo soy completamente useless now… Inservible, me repito, y dejo caer el vino en el suelo presto a dejarme llevar. Me lo traigo a la boca y caigo, otra vez. No soy feliz, pero estoy alegre. O eso creo. Nada me importa ahora.

Sucia:

Había, en mi imaginario infantil, el pensamiento de que un día llegaría inmaculado a la adultez. Puro, lleno de gracia. Eran los días en que no decía malas palabras y mi pasamiento era soñar en grande. Hay, en mi imaginario actual una escena que no se borra: un coro de niños que canta all of you is a mess, y emerge un violín que da paso a un beat constante, unas luces, y cuerpos que emergen para tocarme, desnudarme, desvirgarme, robarme mi inocencia. Aparecen cuerpos hermosos, aceitosos. Quieren, quiero, tocarme, quitarme la limpidez. Hay tanta suciedad en esa imagen. Lujuria.

Oscuridad.

Aunque no crea en la existencia de los demonios. Aunque a veces me parezca a uno yo mismo. Las voces no me dejan tranquilo. Hay alguien que me dice que cierre los ojos. Y yo los abro y no veo nada. Todo es oscuro. Todo es mentira. Si no me tomas la mano perezco, madre. Ayúdame, como me arrullabas cuando enfermaba antes, y me cantabas en el sillón de la sala una nana que no recuerdo ahora. Como cuando estaba enfermo. ¿Estoy enfermo ahora? Hay voces, es lo que veo, es lo que hago, es lo que presiento. Como fantasmas, como garras que acarician mis labios en la medianoche. Si me salvaras... Devuélveme la luz, que no veo nada: hipocresía, carne, deseo, pecado, sombras que gritan, mentira, odio, segregación, ánimas en estado sólido, muerte, dolor, soberbia, redobles de tambor a manera de gozo. Mentira. Hay oscuridad, madre, que me quiere llevar. No la dejes.

Melancolía:

La tarde puede ser bella, el sol caer sobre los tejados como una salsa en la cena recién servida, los hombres y las mujeres tomarse de la mano, los niños jugar con risas en la esquina, la brisa soplar y despeinar los risos de la frente, los vecinos dar saludos con ademanes tiernos, la radio poner una balada, la gente cantar, la tierra girar sobre su eje con perfecta armonía... Con una jodida armonía que te hace preguntar por qué cojones estás tan solo y tienes unas ganas horribles de gritar a todos: si echan de menos algo, aquí se queda. Todo es hermoso, todo es impecable, menos el charco que se hace el corazón.

Felicidad.

Escuchar un piano que hable del vuelo de las águilas. Querer echar a andar en el firmamento, como lo hacen los ángeles. Ah, ángeles, símbolo de la pureza, de limpieza, de divinidad. Por eso quiero encontrar la vía del misterio de su redención, pertenecer a Dios inevitablemente. Transformarme en su simplicidad. En un águila, para desprenderme de todas las ataduras en la tierra y cruzar los cielos en busca de una libertad, de una quimera. Como amar, que es cruzar a vuelo la energía vital de las personas. Como irse hasta el país donde espera esa otra parte de uno que se tiene perdida, inhabitable cuando la indiferencia, la suciedad, la oscuridad y la melancolía secuestran tu felicidad.

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