jueves, 21 de enero de 2016

Zapya: una red social off line

Fotos: Yariel Valdés González

(Publicado originalmente en OnCuba)

Socialización con desconocidos, cibererotismo, sexo ocasional e intercambio de archivos, entre otras prácticas, son descubrimientos desplegados por algunos usuarios cubanos a través de una aplicación móvil que les permite interactuar sin necesidad de estar conectados a Internet.

Poco, muy poco, han de imaginarse los desarrolladores de la empresa china Dew Mobile Inc. sobre los usos de su aplicación Zapya entre quienes tienen un teléfono móvil “inteligente” offline.

La facilidad con la que permite intercambiar archivos entre dispositivos móviles ha hecho que Zapya se popularice. Con la misma lógica del Bluetooth, el Zapya aprovecha la señal WiFi de los propios teléfonos para sincronizarlo con otros y permitir así el intercambio de aplicaciones, juegos, archivos multimedia y un chat público. Toda una red social fuera de los ámbitos de Internet, y donde cada usuario es su propio proveedor de servicio.

Noches bit

Cae el crepúsculo sobre la ciudad de Santa Clara. Una vez que el sol desaparece, el céntrico parque Leoncio Vidal vive su esencia ecléctica, casi cosmopolita. Llegan personas de todas partes de la ciudad; mucho más ahora, luego de que allí se instalara el primer punto WiFi de esta urbe.


Junto a los usuarios de las cuentas Nauta otros pequeños grupos confraternizan de manera gratuita (y digital) con desconocidos que deambulan por el entorno.

“Un sonido avisa que ya estás listo —afirma el jovencito Carlos Alberto González, desde un banco del parque, frente al teatro La Caridad— y uno lo primero que hace es revisar qué aplicaciones tiene la otra persona. Pero luego si se da la situación te pones a conversar por el chat, o al menos preguntas algo relacionado con el teléfono. Hay veces que se conectan jevitas y bueno, uno intenta escribirles pa´ sacar guara”.

Para llegar a este punto ha bastado con crear un grupo —Zapya permite que un dispositivo funcione como servidor de red, para otros usuarios conectados— o buscar alguno existente para unírsele.

Ardiel Mesa Betancourt se reconoce a sí mismo como adicto al parque, “porque hasta ahora es el lugar más atractivo de Santa Clara, ni siquiera el Mejunje”, según afirma. “A veces me conecto a Internet para actualizar las aplicaciones de mi teléfono. Pero eso no se puede todos los días. Si nos ponemos a gastar 2 CUC cada hora nos arruinaríamos. Así que me conecto a Zapya para ver si alguien tiene aplicaciones nuevas, o versiones actualizadas. No converso mucho, porque el chat es colectivo, y se conectan una pila de gente para hablar de cualquier cosa”.


Sexo bit

Entretenido en su teléfono móvil Alejandro Antonio González se llevó tamaña sorpresa el día que constató lo que hasta ese momento creyó más broma que otra cosa: el Zapya sirve también para pactar citas de sexo ocasional, de la índole que fuere.

“Un día me pongo a chatear con un muchacho. Y resulta que lo tenía a mi lado. Habíamos hablado por un buen rato y entramos en confianza. Noté que se sentía algo triste. Cuando indagué un poco más, me relató la historia que acababa de vivir: venía de tener sexo en grupo con otros tres muchachos que había conocido por el chat de Zapya. Me dijo que se sentía raro porque nunca había hecho algo así”.

Y agrega: “Yo había tenido conversaciones pasaditas de tono con algunas personas. Pero creí que todo se quedaba ahí, en esas fantasías, hasta que conocí a este muchacho. Y ya me han dicho que eso se está haciendo normal aquí en el parque”.

“Muchos comparten fotos. Pueden ser fotos artísticas, o fotos bonitas. Si haces confianza puedes enviar fotos personales. Pero existe un porciento altísimo de gente que envía fotos pornográficas. Y videos se pueden mandar también, para quien lo quiera. Claro, no es mi caso”, asegura Mesa Betancourt.

Por historias como esas es que algunos adolescentes, casi siempre mayores de 15 años, llegan con ánimos de explorar su vida sexual sin demasiados compromisos. Basta hacer la prueba: conectarse un momento al Zapya, mirar los nicknames que afloran y enrolarse en ese juego de frases eróticas y provocativas para percatarse de que al menos en palabras, el sexo está presente.

El problema es que es difícil distinguir quién lo busca de verdad y quién juega una broma. Dos muchachas, de apenas 20 años de edad lo cuentan así: “Venimos a dar chucho. Los muchachos se vuelven locos cuando una mujer les escribe cosas sensuales, y les hablamos de tríos y esas cosas. Nos reímos cantidad. A veces nos sacan, porque tenemos que echar competencia con los gays, que andan en lo mismo con los hombres”.


Una de las principales características que funcionan como atractivo en los chats es el anonimato. Los usuarios tienden a ocultar y/o asumir rasgos de personalidad de acuerdo con sus propias necesidades, al igual que roles en la sociedad, estatus, ocupaciones o empleos, con la finalidad de agradar o convencer al otro. Esa idea se ha transferido a un servicio off line como Zapya.

La Dra. María Teresa Rodríguez Wong, especialista en temas de las nuevas tecnologías en el departamento de Psicología de la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, apunta que existen “estudios que sugieren la existencias de determinadas predisposiciones en las características psicológicas de las personas que se familiarizan de esta manera con las nuevas tecnologías”.

“Muchas de estas personas tienen frustraciones con el físico, o con las parejas sexuales, o problemas de autoestima e identifican las relaciones virtuales, como una manera de suplir esas carencias. Lo malo está en que casi siempre lo que ocurre es un reforzamiento de esas carencias, no lo contrario”.

“Pero ello no quiere decir que sea una constante. Hay personas que simplemente se acercan a un chat con fines de pasatiempo. Habría que valorar hasta qué punto se establece una dependencia de los jóvenes a esta aplicación de la que hablamos, pues tiene las bases para convertirse en un fenómeno social mientras no haya Internet”, aclara la psicóloga.

Lo dice el dicho, “a falta de pan, casabe”. El Zapya junto al IMO o el Conectify son aplicaciones muy populares ya en Cuba. Los usuarios le han encontrado utilidades no previstas que resuelven muchos problemas usualmente solucionables en el universo de la web en Internet.


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