martes, 26 de enero de 2016

Un cambio en el periodismo cubano ¿Será?

Que el periodismo cubano anda en problemas es algo que usted, amigo lector, de seguro sabe mejor que yo. Que no siempre se acerca a la realidad cotidiana, que por momentos es gris, que debe cambiar los rumbos de su agenda temática... resultan verdades de Perogrullo que ahora mismo no son necesario explicar: lo sabe cuando abre el periódico, enciende el televisor y cambia el dial.

Seríamos seres de otro mundo si no compartiéramos las mismas talanqueras del resto de la sociedad cubana actual, tan empeñada en direccionar el nuevo camino hacia un futuro mejor pero incierto. No obstante, todavía persisten los errores en un periodismo que necesita la urgencia de hacer más.

¿Hacer más? ¿Mejor? ¿Cómo? Fueron estas algunas de las interrogantes que surgieron al calor del encuentro de jóvenes periodistas, efectuado en la mañana del viernes 22 de enero, en la escuela del Partido Carlos Baliño de Villa Clara, donde una representación de nuevos exponentes del sector llegó para debatir un cambio que se impone.

Las inquietudes para un joven periodista van desde cuestiones tan inherentes a la profesión como la censura, el tratamiento de temas tabú, las relaciones con las fuentes de información y la ética, hasta asuntos de logística y de ingresos monetarios de especial sensibilidad como el salario, muy por debajo de la media nacional establecida, (en 2014 era de 584 pesos, según la ONEI) y un reclamo tan antiguo como el gremio mismo.

Nosotros también estamos aquejados de defectos institucionales, de personas que abandonan sus puestos para irse al sector privado y obtener mejores ganancias, de ver despedirse a colegas que toman aviones sin boletos de regreso. De 836 graduados universitarios desde 2009, el 20 % no ejerce, según trascendió en el V pleno ampliado de la Unión de Periodistas de Cuba.

Sin embargo, ante esa realidad, quedamos muchos otros con ganas de construir un periodismo al menos coherente. Y esto último, al observar (y vivir) lo primero, francamente resulta difícil.

Otra de las cuestiones que saltan a la vista en nuestra realidad es la dificultad para realizar un proyecto de vida, no muy fácil de garantizar con lo que recauda al mes el bolsillo de un reportero que no se desdoble en varios empleos, y por las dificultades impuestas por el sistema de pago de la Resolución 89. Aquí, por ejemplo, se nos imposibilita de cobrar el trabajo artístico adyacente (locución, dirección, realización de programas) en un medio audiovisual, entre otros demonios...

En el encuentro de hoy escuché decir a un excelente profesional, quien fuera mi profe en la carrera —una persona a quien admiro—, que el principal impedimento nuestro es el acomodamiento, el esperar que otros nos soluciones los problemas. «Hay que buscarse líos», le escuché.

Y tiene razón, una dosis de irreverencia hace mejor a un periodista —una dosis de irreverencia ajustada a ciertos cánones, vale decir—, pero la realidad es más compleja. Y aunque es cierto que muchos problemas de hoy son los mismos de ayer, es este el tiempo ideal para ejecutar las soluciones, y un joven periodista como electrón suelto a contracorriente, no lo va a lograr.

Al menos esperamos, primero, el apoyo de las organizaciones políticas y de masas que nos representan y a las cuales respondemos nosotros siempre. Después vendríamos a jugar nuestro papel agregando la responsabilidad de nuestro trabajo y el compromiso con el público, «la principal carta ética que debemos sacar», al decir de una colega de Telecubanacán. Si existe una mano derecha del proyecto político cubano, esa es la prensa.

Si alguna satisfacción quedó impregnada en la sala, al concluir —además de la idea de que no existen temas no censurables en nuestros Medios de Comunicación— es que está la voluntad manifiesta de buscar un cambio para bien. Lo demás es cuestión de llevarlo a la práctica. ¿Será?

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