lunes, 20 de julio de 2015

Juventud ¿se aproximan cambios?


No sé en otras realidades nacionales, pero en lo que me concierne como militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) —y a muchos de los que conozco—, siempre me ha sobrevolado la misma idea: la organización a la que pertenezco me había parecido durante mucho tiempo un tanto desabrida. Como si de a poco el Período Especial le hubiese absorbido aquel don incuestionable que tenía de guiar a las nuevas generaciones de cubanos.

Y repito que es en mi caso personal y de los testimonios cercanos que conozco, pero…, claro, nadie quita que aun exista un porciento elevadísimo de jóvenes a quienes se les escuche hablar, con sinceridad de niño, acerca de la convicción de ser parte indeleble de la UJC. Ahora bien, salgamos a hacer encuestas y busquemos los resultados reales. A fin de cuentas la imagen del grupo en silencio y el funcionario de pie —con esa concepción metafísica que ha logrado permear buena parte de nuestra realidad política en un tiempo determinado— amontonando papeles para engordar polillas no es un asunto que, digamos, nos resulte muy atractivo a los jóvenes de hoy.

Demasiado tiempo se había enfermado de inmovilismo. Demasiadas horas de sueño había advertido y demasiado ancho el abismo que estaba separándola de las nuevas generaciones de cubanos, ahora mucho más cercanos a la realidad del Paquete Semanal que a las exigencias de la organización de vanguardia juvenil en la Mayor de las Antillas.

Para mi suerte me tocó cubrir cada una de las asambleas de balance efectuadas en los municipios villaclareños. Lugares estos que me permitieron escuchar, con entusiasmo apremiante, la sentencia más realista que oídos cubanos hayan escuchado en escenarios oficiales —que por su bien deseo no haya sido una encomienda “superior”— y dicha a viva voz por muchísimos delegados en toda la provincia: “Es hora de hacer un cambio. La UJC es mucho más que actas y cotización”.

La frase, repetida con énfasis en cada cónclave asambleario, encarna en sí misma el hecho de que, al menos, el estanco se reconoce entre aquellos que pretenden construir el futuro de la Revolución Cubana con ideas nobles. Esto, acaso en teoría, traza el camino para una evolución que no puede estar ajena a los reclamos de sus protagonistas.

Se suponía que la UJC fuera la organización rectora y aglutinadora de los jóvenes cubanos en cuanto a ideales, moral y perspectiva de desarrollo para Cuba. Se suponía que fuese la aspiración máxima de todo joven revolucionario y resultó que, de la noche a la mañana, era preferible ser revolucionario sin militancia política pues ¿qué hacer en las filas de una organización dedicada a recoger la cotización del mes e inventar actas de reuniones traspapeladas luego en el olvido de los estantes?

Eso, por suerte, ya lo han entendido en todos los niveles pertinentes. Y por ello lazaron, desde el 2 de diciembre, la convocatoria para este Congreso que tuvo lugar hasta ayer 19 de julio en La Habana. Un evento que, para mi satisfacción, por lo menos pretende ese cambio sustancial: reconfigurar fenotípicamente a la Juventud como fuerza aglutinadora. Muchos creerán que la ilusión me carcome, pero el mero planteamiento de parecerse más a los jóvenes de su tiempo me resulta una idea alentadora.

El X Congreso proyectó su discusión sobre recreación y consumo cultural, el papel de los jóvenes en la economía cubana y la instrumentación de la política económica y social del Partido; sobre las transformaciones en la esfera educacional y el papel de los jóvenes frente a la invasión ideológica que pululan en campos como la Internet…

Bastante bien enarboladas parecen estas temáticas en un país donde existen poblados en los que no se puede aspirar a más que un club nocturno a base de alcohol y reggaetón, donde la rectoría económica aún están en manos de las viejas generaciones, donde cada vez menos personas militan en las filas del PCC, donde los recién graduados encuentran más escollos que satisfacción personal y material y, —aunque no lo vi esbozado explícitamente— un buen porciento ve en el éxodo la solución de sus problemas.

De momento le resta, a la UJC, configurarse la estrategia que le permita no solo parecerse, sino entender a las nuevas generaciones de hoy, que vagan como sin rumbo por las talanqueras sociales impuestas en la cotidianidad. Por eso observo con los ojos lo suficientemente enamorados de los cambios que dicen se sucederán de ahora en adelante, pero racional al calor de los acontecimientos presentes. Y me pregunto:

¿Está preparada esta organización para enfrentar la gran penetración norteamericana que se avecina? ¿Cuenta con los recursos materiales y humanos para contribuir a que se les garantice el porvenir que merecen los jóvenes? ¿Cómo seguir promulgando el marxismo y el socialismo sin recurrir a discursos arcaicos? ¿Existe una verdadera vocación de positiva evolución o es mero formalismo, ilusión óptica?

1 comentario:

  1. Me parece que estas hablando de un cadaver y no te has dado cuenta. Hace muchos años que esa organizacion no sirve para nada. No resuelve nada. Los jovenes la ven como un tedio a lo que tienen que pertenecer por un cierto idealismo "de fachada". En realidad, no quieren verse envueltos en compromisos cuando en realidad no los necesitan ni los quieren. La juventud cubana dista mucho de ser aquella juventud reprimida de los 50's que sintio protagonismo en la UJC, que fue a cortar caña o a Angola. Ahora les dices de cortar caña y con suerte no te abofetean, porque es como ofenderlos. La UJC ha devenido en un fantasma, un cuerpo putrido lleno de oportunistas (solo por citar a los tronados: Otto Rivero, Hassan, el hijo de Lage... mas otros tantos que aun siguen impunes) entre otros que chuparon las mieles y arruinaron lo que otros habian construido. Yo tengo una anecdota muy ridicula, jamas me quisieron en la UJC por ser gay; y un dia vinieron a reclamarme que me iban a sancionar por no asistir a la reuniones. Les dije "De que me hablan? Yo jamas he sido de la UJC!" Y me enseñaron que yo era militante desde el 2005, año que habia comenzado la universidad. Ni me dieron un carnet, ni jure nada, ni pague nada nunca, ni fui a reuniones... Y llevaba 5 años siendo de la Juventud. Ni ellos mismos saben lo que hacen. EPD UJC

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