domingo, 22 de septiembre de 2013

El buen periodismo traspasa las fronteras de un pueblo

Aun cuando parezca, Ana Marta Panadés no es una periodista convencional; muchos lo creen: trabaja en la emisora municipal Radio Trinidad, gana menos de 500 pesos, reporta acerca de sobre-cumplimiento de planes y hace guiones para buscarse el pan de cada día.

Pudiera decirse que algunos reconocimientos la diferencias del resto: el premio Nenúfar, la medalla Félix Elmusa, el lauro especial Alas por la vida del concurso nacional 26 de julio, – otorgado este año en conjunto con su colega Alipio Martínez –.Pero es diferente solo por creer en un periodismo sin ataduras locales, por hallar el lado humano de la noticia e inmiscuirse cada día entre la gente de pueblo en busca de “un personaje como salido de una novela de ficción”. Es diferente por no temerle a las piedras del camino y reflexionar en vivo desde el programa Debate Público acerca de la visible dejadez con que muchos asumen el aniversario 500 de la fundación de Trinidad y Sancti Spíritus.

Así lo confiesa a puertas cerradas en el departamento informativo de la emisora que la vio crecer como periodista durante 15 años, a sabiendas de lo difícil que resulta intercambiar roles. Lo sabe, la grabadora no es juego y le teme. Pero hoy le corresponde sentir el cosquilleo de cada uno de sus entrevistados y dejar que las palabras desempolven los recuerdos:

“Yo estudiaba el primer año de licenciatura en Física. Valoré las posibilidades que da el periodismo de sacar los sentimientos de adentro y que otras personas puedan escucharlos o leerlos. Me motivó este mundo de letras, de simbolismos… valoré en serio presentarme a los exámenes de concurso y empezar esta otra carrera”, refiere la mujer perspicaz pero no prepotente, de dulcísima voz y espíritu humilde, quien se sabe feliz y acaso realizada aun desde su desconocido rincón mediático, al centro sur de Cuba.

¿Cuánto queda de la universitaria inquieta por inmiscuirse en el mundo de la noticia?

Queda mucho. El periodista nunca pierde la capacidad de asombrarse, de creer que hacemos algo por primera vez aun después de muchas veces. Debemos sentir la misma emoción por el trabajo, el mismo temor. Y preguntarnos ¿quedó bien, mal, cuál fue su impacto? el periodista que pierda esa magia deja de ser un profesional.

Al graduarte en 1997, ¿Cómo enfrentaste la disparidad academia-medios de comunicación?

Bastante traumático. En la universidad vivimos de manera más simple, incluso idílica. Cuando te enfrentas a la vida profesional crecen los retos. Al principio uno como periodista no es muy conciente de la responsabilidad social, pero luego la adquirimos. Hacer periodismo en la práctica es completamente diferente a lo imaginado en la carrera. Por momentos hasta debemos olvidarnos de la academia ¿por qué? por los vínculos con la fuente, por la manera de obtener una información, un dato, un elemento… se logra a medida que asimilamos nuestro trabajo como una pieza clave en nuestras vidas.

A un año de ejercer tu profesión en Radio Sancti Spiritus, el director provincial de radio en aquel entonces, Carlos Rafael Diéguez, te pidió el apoyo a la creación de Radio Trinidad. ¿Te imaginas si la petición no hubiera ocurrido?

Nunca me había detenido a pensar en eso. Tal vez seguiría mi vida profesional en Sancti Spiritus. Tal vez las circunstancias de la vida me hubieran hecho regresar de otro modo. Quizás me hubiera perdido el privilegio de forjar Radio Trinidad, lugar donde tuve la posibilidad de compartir momentos importantes que de alguna manera marcaron mi vida.

¿Pero regresar a un municipio no te pareció un retroceso profesional?

Vine solo por un tiempo, no estaba en mis planes quedarme. Se suponía que luego de mi apoyo al surgimiento de la emisora yo regresaría a Sancti Spiritus,  donde tenía aspiraciones de trabajar en otros órganos de prensa. Tal vez en aquel momento no pensé en un retroceso, aunque muchos de mis amigos me lo cuestionaban también, y hasta caí en la duda de si había hecho lo correcto. Hoy estoy completamente segura de que un periodista lo es en cualquier órgano de prensa, y de que el buen periodismo traspasa las fronteras de un pueblo. Tiene que ver con el sentido de responsabilidad, de profesionalidad, e incluso, con las aptitudes y por que no, con el talento que tengamos.

¿Incluso tras del incidente del primer noticiero?

Aquello fue un completo desastre. Quedé traumatizada. Un equipo de realización sin conocimiento más allá de la teoría de los cursos que pasaron, sin idea de la agilidad, la sincronización, lo echó a perder todo. Llamé al director de radio y le pedí volver, pero él me recordó mis responsabilidades. Hoy ese equipo es mi familia también, y tanto han ganado en experiencia que lograron hacer de nuestra emisora un elemento más del hogar trinitario.

¿Qué es para Ana Marta Panadés el buen periodismo?

Es primeramente encontrar el lado humano de cada cosa, que el receptor del trabajo se identifique con uno, no con el panfleto. Para eso se necesitan armas fundamentales: la sagacidad, la intencionalidad, y otras herramientas típicas de la carrera como la confrontación con la fuente, la investigación. Pero repito, lo importante es buscar el lado más humano de la información.

¿Consideras este reconocimiento en el certamen 26 de julio como una muestra de años no perdidos?

Sí. Aunque he dicho en varias ocasiones que los premios son muy subjetivos, porque los valoran seres humanos con una manera particular de ver las cosas, nadie puede negar que un reconocimiento sí constituye un punto de revisión y de partida. Creo que Radio Trinidad por su trayectoria, y por su posición, merecía salir un poco del ostracismo. De hecho creo que los concursos se deben ver como una posibilidad de competir en igualdad de condiciones solamente con la premisa de la calidad y la intencionalidad del trabajo.

Pero Radio Trinidad te ha dado otros premios, no ya del sector periodístico sino a nivel personal…

No puedo pensar ni hablar de Radio Trinidad sin valorar esta otra parte importante de mí que es haber encontrado a mi esposo, el locutor Oscar Ángel Zayas, con quien he ganado uno de los mayores premios de mi vida: mi hijo. Gracias a esa decisión  pude valorar también el significado de la familia, estar cerca de mis padres, mis hermanos, estrechar más esos lazos que me llenan de satisfacciones. Eso se lo debo también a Radio Trinidad.

¿Con qué sueña Ana Marta Panadés en estos instantes?

Con seguir mi trabajo de la mejor manera posible. Encontrar siempre esas motivaciones, esas emociones que hacen el periodismo diferente, la noticia diferente; buscar, ya te dije, el lado humano. Un día le comenté a un colega: Lo mejor de esta profesión lo constituyen las personas con que nos topamos a diario, totalmente anónimas, aparentemente insignificantes, pero con una historia de vida increíble, que pudieran incluso ser personajes famosos de un libro aun por escribir. Sueño con no perder la musa que encuentra el periodista a diario.

1 comentario:

  1. no coincido del todo con Ana, en mi caso la universidad se quedó "corta" con respecto a la vida profesional. En ocasiones no fue suficiente... me refiero, especificamente, a especialidades como la locución y redacción, que a mi juicio, no nos enseñaron todo lo que debíamos saber.... felicidades a ella, que mantiene ese susto cada vez que se sale a la calle a cubrir (o inventar, en el mejor sentido de la palabra) una información, ojalá y le dure esa emoción.

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