jueves, 18 de julio de 2013

El 4 en la lista de espera


Existe una realidad en Cuba más cierta que una verdad de Perogrullo: el pésimo servicio de transporte. Sin embargo, los cubanos nos empeñamos en empeorarla, haciendo de este proceso –el de viaje –, una inframundo donde el bolsillo de nosotros, los de a pie (nunca mejor dicho), resulta el más vilipendiado.

Reflexioné sobre esto después de mi viaje a Trinidad este viernes –o porque una buena amiga periodista denunció en su blog los Astros Apagados que infringieron las leyes del tránsito, o porque como parte de mis prácticas me he visto sumido en una investigación peliaguda sobre las ilegalidades en la terminal de Santa Clara – cuando apelé a lo más profundo de mi honradez, sin pensar que como están las cosas hoy, los buenos valores se alejan de las posibilidades de sortear los obstáculos sociales.

Cuando digo honradez me refiero a anotarme en lista con un día de antelación. Obtuve el número 4 ¿No había posibilidades de irme?

Arribé a la terminal interprovincial como a las 11 y algo de la mañana, tal vez en espera de que los milagros divinos lograran ubicarme en algún vehículo previo al usual de la 1:20 PM. Me senté justo al lado de la taquilla donde venden los pasajes. Entonces  vi llegar a Marisela y su hijo el Indio, amigos míos del barrio. Llevaban 2 días en Santa Clara por chequeos médicos.

 – ¿Tienes pasaje? – Preguntó  ella con rostro confiado 

– No. – respondí.

– ¡Ay mijo, no es fácil! deja ver que hago por ti, yo hablé desde ayer con un amigo mío de la empresa pero solo para 2. 

– No te preocupes, tengo el 4 en la lista de espera – apelé sin creerlo yo mismo, pero aferrado a una esperanza ya turbia por tan turbio panorama.

En medio del calor, el bullicio impertinente y los anuncios del altavoz roto, logré un tilín de sosiego mientras aquella terminal se tornaba una sucursal universitaria. ¿Cómo no pude analizar que era el día de graduación y el flujo de personas subiría como la espuma? 

No erré. Y lo comprobé al ver a Javier, eh compadre como estás, tienes pasaje?... que no lo tenía pero le faltaba poco. Luego Ernesto, Susana, Yanira y su amiga de Encrucijada, todos de Trinidad, como yo, llegaban directo a los confines de la terminal. No se cómo, pero los boletines aparecían en sus manos, en un acto de magia que sumaba siempre más de uno.

Pero tengo el 4 en la lista de espera, pensé ya con fatiga. Entonces Marisela y el Indio regresaron con 2 asientos, ¿y el mío?, “para la próxima pipo, que pena nos da contigo”. 

El ir y venir de coterráneos comenzó a ponerme los pelos de punta. Aparecieron Marías y Pedros, fulanas y fulanos, todos con el don de atravesar el pasillo central directo hasta el confín, para luego regresar con el “asiento en la mano”. Ya marcaban las 12:30 PM, faltaba casi nada para llamar la lista de espera y los miedos dominaron mis principios.

Caminé hasta los mismos confines. Saludé a aquel viejo amigo jefe de turno “Hola Pepe, ¿como andas? trato de irme para mi casa pero la cosa está mala”. Fue ese el momento en que aprendí la capacidad de aparecer asientos de youtong en un acto de magia que implica 1 CUC. La palabra honradez me vino a la cabeza, y también la idea de que los buenos valores se alejan de las posibilidades de sortear los obstáculos sociales. 

Pero conseguí mi pasaje. Más aliviado me dirigí en busca de mis maletas, y solo después, ya casi arribando a la guagua, escuché desde el altavoz medio roto las 2 capacidades que ofertaba la lista de espera. Se quedó en el número 3, yo hacía el 4.

10 comentarios:

  1. Te entiendo, como me ha pasado eso... Anabel

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  2. Y hay tantos que no tiene dinero para "resolverse"!!! y que como te habría pasado a ti si te hubieras aferrado a la honradez, se quedan sin viajar. La realidad es cruda: ellos viven a costa de nuestros bolsillos, no les bastan sus salarios y nos explotan. Que cambie esa situación se va de nuestras manos. Ojalá mejore, pero eso no sera hasta un largo tiempo, por ahora la solución esta bien lejos.

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    1. Para eso estamos los periodistas, para cuestionar estas realidades tristes que vivimos en la actualñidad, solo espero que en un futuro podamos sentarnos en las youtones apelando a la honradez... espero que eso pase...

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  3. esa historia me recordó una en la que un grupo de amigos llegamos a la terminal de la habana, en holguín. Regresábamos a stgo, luego de disfrutar una semana en gibara, en el cine pobre (y bien pobre nos dejó los bolsillos....) y éramos 0 en la lista de espera.... pero parece que ese día habían repartido "honradez" y logramos irnos todos... que gritería formamos porque sabíamos lo difícil que resulta coger pasaje sin 1 cuc (entre nosotros, alteraste esa cifra, pk siempre he escuchado que MUCHO más)....ahhhhh, soy uno de los autores del quimbombó verde, nada te enlacé porque me gustó mucho este blog (empezando por el nombre) y leí esta entrada precisamente y por eso te enlacé....

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    1. Ahhh al fin... estuve varios días preguntando a mis colegas si conocian tu blog, pero nada... me gustó mucho, extremadamente ocurrente... respecto a lo de las cifras, no es que la altere, es que varian en dependencia del lugar, aunque tuve suerte de que fuera solo 1 para trinidad ese día... o eso fue lo ke di, tal vez se quedaron esperando más... Saludos

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    2. te faltó mencionar que entre el punto de salida y el de llegada, las Yutongs hacen una pila de paradas, para comprar leche, frutas, queso, ver amantes, ver familiares, amigos... el rejo es grande, igual tamaño el desacro de los choferes.

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    3. Si nos ponemos a contar cada detalle... pero ese fenomeno de las paadas innecesaria Leidy Torres ya lo trató en Botellas al mar

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    4. muy pronto voy a las tunas.... deja que te cuente cómo me va en la yutong.... oye te veo vago, escribe más jajajaja saludos y gracias por el último comentario.

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  4. Luis Orlando, esta historia ya es habitual. Los funcionarios de Ómnibus Nacionales (ON) viven a costa del bolsillo de los clientes. Hace poco, en medio del proceso de reclamación en que estoy, la jefa de la estación de Santa Clara me dijo que los estudiantes universitarios tenemos la culpa en parte: nosotros ofrecemos dinero y los trabajadores de ON (supongo) no se pueden resistir. Pronto voy a publicar la segunda parte de mi reportaje. Un abrazo...

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