miércoles, 26 de agosto de 2015

¡Cuidado, trámite en ETECSA! (I Parte)

Tan extensas devienen las colas para realizar un trámite en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) que el usuario puede tener la pasmosa sensación de que no necesita salir de casa para pedir el último ¡Tan enormemente grandes que puedes encontrarlas en cualquier lugar!

Hay demasiado calor a las dos de la tarde de este agosto cubano. En el Taller de reparaciones de Etecsa, al lado de la Catedral de Santa Clara, somos unos pocos los que pretendemos resolver nuestras inquietudes tecnológicas, que se acrecientan mientras pasa el tiempo y aún seguimos siendo víctimas del tedio y la espera.

Es casi el mismo deja vú: Doquiera que haya un establecimiento de esta magna empresa, tal vez una de las que mejor funciona ahora mismo en el país (monetariamente hablando), existe detrás una cola. Mucho más ahora, cuando la diversificación y ampliación de sus servicios —dígase Internet, WIFI...— constituye una realidad que avanza sin retorno.

Aparecieron con las nuevas ofertas un enjambre de dudas y necesidades: las tarjetas de recarga para cuentas NAUTA y sus primas las temporales, los trámites para el correo electrónico en el celular, las configuraciones MMS, y un larguísimo etcétera que se suma a la tradicional factura del teléfono fijo y la Propia. Y todo, queridos amiguitos, por una misma cola.

Si llegaste a la una de la tarde lo más probable es que salgas después de las tres. El gasto incluye no solo el costo del trámite (ya lo suficientemente nocivo para el bolsillo) sino una cuenta adicional para pañuelos contra el sudor, pomos de agua y cremas anti-solares en caso de que falte la sombrilla…

Lo anterior crea una imagen bastante desalentadora acerca de la empresa que oferta los servicios de Telecomunicaciones del país. La indiferencia para con las necesidades del usuario fractura a ojos vista la construcción del proyecto que se erige, donde el éxito de la empresa estatal socialista planea levantarse como estandarte de economía nacional.

“Claro, ETECSA es lo único que hay, por eso se da el lujo de hacernos esperar o de fallar cuantas veces quiera.”, vocifera el joven Lázaro Valdés desde la cola del Taller de Reparaciones.

Una señora de mediana edad se queja de la condiciones de su teléfono. “Yo tengo que venir cada cierto tiempo a que vacíen la bandeja de entrada de mi correo electrónico porque yo manualmente no lo puedo hacer y si se llena no me entra ninguno. Y eso no me pasa a mí, hay unas cuantas personas que les sucede lo mismo. Estas colas tediosas me las sé de memoria, pero tengo que hacerlo para comunicarme con mi hijo”.

Y Etecsa atenta, lo que se dice atenta, no ha sido demasiado para con las reclamaciones de los usuarios. No lo digo yo, que apenas me he sumergido en un par de oficinas de directivos y he utilizado algún que otro servicio. Lo dicen las decenas de personas que acuden a ella todos los días, lo dicen las aglomeraciones frente a sus puertas. Lo dicen, también, los fallos técnicos y las congestiones de líneas…

Y llueven las escusas. Lorenzo Enrique Won García, Jefe del Grupo de Mercadotecnia de Etecsa en Villa Clara, le achaca las fallas de los servicios a dos razones importantes: la temporada que vivimos de vacaciones que también influye en que no esté todo el personal, y el desconocimiento popular sobre la contratación a terceros que ofrece esta empresa para aliviar la gran demanda.

La última, ciertamente, no es del todo famosa ¿Cuántos saben de la existencia de estas ofertas de Etecsa en empresas como Cimex, TRD y Correos de Cuba? ¿Cuántos conocen a los agentes de telecomunicaciones, esos trabajadores por cuenta propia que también se dedican a procesar servicios? ¿De quién es la culpa (ah, la maldita culpa) de que no exista una buena difusión de estas propuestas?

Dudas y cuestionamientos que quedan sobre la mesa en espera de respuestas… Pero más allá de simples colas, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba debe plantarse, de una buena vez, el crecimiento infraestructural que a viva voz se le presenta.

Crecen sus servicios y aún existe la misma cantidad de oficinas. Crece la demanda en una sociedad ávida por conectarse, surgen nuevas propuestas, y aun vemos las interminables filas de gente aglomeradas frente a las puertas del Telepunto, con la pasmosa sensación de que pronto no tendrán que salir de casa para pedir el último.

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