miércoles, 10 de junio de 2015

Cuba, un país de orillas


Cuba es un país compuesto por mundos paralelos. Por extensiones de tierra que se esparcen al infinito sin tener contacto entre ellas. Quizás alguna que otra colisión. No más.

Cuba es un hervidero de emociones. De gente de allá y de acá. De gente de allá queriendo ser de acá y de aquí lanzándose al vacío. Después de todo no es descabellada la idea de tender un puente, como dice Ricardo Arjona, entre las dos orillas…

¡Ah, orillas! Cuba es un país de orillas y un mar inmenso de ambas partes. Orillas que se antojan lejanas cuando están bien cerca. Orillas que han visto llorar demasiadas personas pero, incólumes, se resisten a solo mirar perplejas el adiós al que nos hemos condenado por demasiado tiempo.

Cuba es un país que extraña. Un país de recuerdos sobre vivencias pasadas, de fotos de familia en la pared, de vivos que de un soplo se vuelven fantasmas y deambulan en cada rincón amado donde muchos cuerpos durmieron juntos tantas veces.

Cuba es, ahora, para mí, esas dos orillas. Como si la existencia se partiera a la mitad para siempre, he estado viendo alzar el vuelo a muchos de los que quiero. !Ja, parecía tan distante! Uno piensa, entonces, que irremediablemente un pedazo del alma también se monta en el avión y se larga para siempre.

No es solo este o aquel quien emigra, junto a ellos se van también una buena cantidad de experiencias vividas, de pedazos de mi espíritu con los que indudablemente ellos se alimentan en tierras lejanas. Y uno, acá, no puede evitar el abrazo a la soledad en los tormentos de la noche.

—Me voy para los EE.UU.

—¿Es seguro?

—Sí, me llegó la visa después de tantos intentos.

—Pero, ¿Por qué ahora, si tú y yo estamos de lo más bien?

—Es mi sueño, tú sabes que desde que soy chiquita quise irme del país. Mi amor, esto está muy malo. Allá voy a mejorar mi nivel de vida. Voy a resolver para tí y para mí. Tú verás cómo vamos a ser mucho más felices.

—Entonces, si vas a resolver, si vamos a estar felices ¿por qué estás llorando?

(…)

Porque Cuba es, irremediablemente, un país dividido, una extensión de tierra que se esparce más allá de las inmediaciones políticas y geográficas del archipiélago de las Mayor de las Antillas. Muchos más allá incluso que las tierras angostas de la Florida. Cuba es un país de dos orillas que sufren.

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