jueves, 8 de enero de 2015

500 + 1


La Trinidad del 500. La excelsa Trinidad. Un don del cielo. Parece que ya todo está dicho en una ciudad patrimonial de medio milenio de existencia: La nueva opulencia. La apertura al turismo. Las monedas que brotan cañada abajo. Y la ciudad despierta como un inmenso bazar al mundo, con de todo y para todos, deslumbrante y hermosa. “Como hacía tiempo ninguno de sus pobladores la habían visto”, dicen por ahí. Pero me duele esa tesis que expresa que detrás de todo esplendor espera la decadencia.

Caminar hoy por sus calles es toparse con la exquisitez de un centro histórico más vivo. De la calle cristo a la de Amargura, y pasas por Tristá para terminar en Boca, y de allí hasta Desengaño, da lo mismo. El visitante advierte la vida de un pueblo volcado a los servicios. Todo tipo de servicios, como sabe usted, resultado de un plan inversionista por convertir a la ciudad en centro de referencia turística internacional – Y lo va siendo, vale decir–. Servicios que emergen del nuevo sector privado en Cuba, sin que nuestro Gobierno imaginase el impacto tan brusco que daría en un espacio de tierra como este:
Si vas a tomar un Café que sea en el Don Pepe. Si quieres una exquisita comida que sea en La Botija —o en cualquiera de las decenas de restaurantes desperdigados por doquier—, donde algún músico cubano de alcance internacional amenizará la noche. ¿Un trago? en el Fando Brother. ¿Un pasillito? en el rincón de la Salsa, a expensas incluso de arrebatarle el sueño a los vecinos de la zona.

¡Cuántas opciones! Pensará el turista. Quienes más universales son, bueno, pues, ya sabe míster, pasase por el bar Yesterday para escuchar música de la onda de los Beatles, cuesta apenas dos pesitos la entrada. O mire, recuerde su visita a La Habana, o Varadero, o Santiago, y dese una vuelta por el Floridita y repita la foto con la estatua de Ernest Hemingway, que ya eso de tomar canchánchara trinitaria en vasijas de barro, no se usa.

Todavía no he visto una “paladar” de la ciudad dedicada a ofrecer, con investigación previa, lo mejor de la cocina más autóctona en nuestro terruño. ¿Cuándo veremos abrirse camino en la ciudad, las composiciones de Catalina Berroa, negra trinitaria pródiga en la música? En su lugar, es común encontrarse sendas referencias a comidas internacionales, heladerías, reposterías, y todos tipo de establecimiento muy a lo fast food norteamericano, con imitación de marcas incluidas.

La Trinidad que llegó al 500 es, sin que nos cansemos de decirlo, el resultado de aquellos años de abandono, cuando sumidos en la pobreza a los lugareños nos les quedó otra que ver envejecer los viejos palacios y plazuelas sin dinero incluso para mandar a demoler, resignados a convivir con los recuerdos de un pasado esplendoroso; envueltos entre tantas tradiciones, mitos, leyendas que nos convirtieron en esta suerte de Macondo al centro sur de Cuba.

Pero todas aquellas leyendas, mitos y tradiciones parecen escurrirse por entre los pensamientos metalizados de un pueblo sin el poco interés de analizar que, si a costa de unos pesos destruye su patrimonio, terminará reviviendo los tiempos en que debía ver los rezagos de un esplendor desde la perspectiva de la miseria.

Hace doce meses veíamos un huracán volcándose para que esta ciudad celebrara su quinto centenario con los bríos que merece. Hoy, ahora, a la vera del aniversario 501, Trinidad respira por obra y gracia de los planes circunstanciales de La Oficina del Conservador de la Ciudad y el Valle de los Ingenios, y del voraz interés del ministerio del Turismo por convertirnos en una mina de oro.

Pero poco interés en el patrimonio y más ansias de billetes se dejan ver en la gente, lo cual vislumbra el hecho de que en Trinidad, no todo está dicho aún, por muchos + 1 que le agreguemos a su ya eterno aniversario 500. Mientras, no puedo hacer más que recordar a la siempre profética intelectual trinitaria Alicia García Santana, quien desde la lucidez y la tranquilidad afirmó: “si la miseria la conservó, el bienestar económico no puede destruirla”.

6 comentarios:

  1. Muy bien por el post! Amarguísimo, ácido, a lo trinitario. Un trinitario desepcionado de ver agonizando su ciudad, arrestrada lentamente a una decadencia impuesta por designes económicos e ignorancia cerril...
    Uff, al leerte duele!

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    1. Hola Manuel Alberto, nunca pensé que se leyera tan ácido este comentario, solo deseo que pueda servir para hacer reflexionar sobre la salvaguarda de nuestro Patrimonio, y mejor aun, sobre nuestras mentes con respecto a la cultura!!! Gracias por acercarte al blog.

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  2. Ay Macholo! Que pena me da que te hayas ido! Como es posible que los que toman las decisiones no comprendan que la explotación de un polo turístico con valores patrimoniales más allá de límites razonables y de un plan adecuado de preservación puede quitarnos lo mas preciado para un trinitario? La Villa de más de medio siglo de historia.

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    1. Concuerdan contigo muchas personas... es una de las tantas opiniones que se dejan escuchar de boca en boca. pero te digo que hay mucha culpa de la gente también, de querer enriquecerse a toda costa. Mutilan sus casas ilegalmente, sin saber que los perjuicios que le ocasionan a sus fachadas e interiores hacen daño a todo el conjunto arquitectónico de la ciudad. Olvidan que somos Patromonio de la Humanidad por el conjunto, que el valor no solo está en un puñado de museos y unas calles empedradas. Hay tela por donde cortar en este asunto. Saludos, y gracias por pasarte de nuevo por aquí...

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  3. Genial, Luis Orlando, me ha gustado mucho.

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