jueves, 20 de marzo de 2014

El panelista ausente

Permítanme no dejar que este post se convierta en una crítica. Permítanme solamente verter mi opinión en la inmensidad de la web. Permítanme decirles que veo muy poco la Mesa Redonda, y por eso no me atrevo a escudriñar severos ataques contra un espacio de conocida polémica en la opinión pública –no quiero caer en la burda repetición de ideas preconcebidas–.

Sin embargo, –en un acto de compenetración con el vox populi– no dejó de extrañarme que en la emisión de este viernes 14 de marzo, dedicada a la labor del periodismo cubano, me quedara con deseos de escuchar más, de haberme hecho penetrar por los verdaderos vericuetos de esta profesión tan polémica como la realidad misma que refleja, de sentirme que ciertamente hablaban de mí.

A la larga relucieron temas que no podían faltar: la necesidad de abordar la crítica periodística de manera racional, el combate contra el secretismo, la vinculación con las fuentes… A la larga, digamos, la jugada se le hizo difícil a la redacción del espacio televisivo para no pecar de ingenuos ni de demasiado catárticos, porque, por si no lo sabe usted amigo lector – aunque si no lo sabe se que lo imagina – esas son solo algunas de las talanqueras a las que se enfrenta un periodista del día a día.

jueves, 13 de marzo de 2014

El viejo Evelio (ó El colmo del periodismo)


Lo primero que logró llamarme la atención de Evelio fue su nombre. “Igual que mi abuelo”, dije después de que él mismo se presentara. Me había saludado en un gesto que conllevaba limpiarse la mano en su camisa. “Coño que bien, espero que tu abuelo no haya sido un desastre así como yo” dijo. “No lo conocí, murió antes de yo nacer”, respondí.

De este Evelio no se casi nada. Poco más de conocer que se dedica a vender periódicos en Santa Clara, apenas puedo agregar un par de cosas sobre él. No pasa de 70, aunque a juzgar por su actitud no parece un viejo enfermo. Su semblante es saludable, pero su aspecto personal no. Se nota que viste como puede. Un pantalón con retazos, camisa vieja, sucia. Sucio está él también. Pero siempre exhibe una sonrisa orgullosa de los dientes que le faltan.

“Ya son las 11:00 AM y vendí todos los periódicos ¡Estoy escapao!”, dice cuando se me sienta al lado en un banco. Me mira y se presenta como dije. De momento se sumergió en un monólogo bastante dinámico y persistente. De ahí supe varias historias acerca de las peleas con sus colegas, de los ejemplares que más vendían, de lo que hace la gente en ese pedazo de Cuba que es el parque Leoncio Vidal.