martes, 27 de diciembre de 2016

Ahora que se puede celebrar la Navidad

Foto: Carlos Luis Sotolongo
El burro que sube buscando el barrio de la Loma de los Chivos en Trinidad, viene manejado por José, futuro padrastro de Jesús, el Mesías. Es 19 de diciembre de 2016. Este José, sin embargo, no rebasa los 17 años.

Es un José mestizo, joven mulato criollo, que de un metro 60 centímetros de estatura y con un físico todavía un tanto infantil. Viene con María, una María de 12 años rubia como pocas en este país caribeño. Cabalgan con una bocina y medio centenar de niños y jóvenes, algunos ancianos y el sacerdote de la parroquia al son de los clásicos villancicos navideños.

María y José piden posada durante los días previos a la Nochebuena, en espera del 25 de diciembre, día oficial de la Navidad para la Iglesia Católica. Pero si José (Liosdany Cidrón Jiménez) hace el periplo con una sonrisa garabateada en el rostro, es porque los tiempos han cambiado. Porque tres Papas católicos han pasado por tierra cubana en menos de dos décadas, porque se ha restaurado un poco la tormentosa relación Iglesia-Estado en Cuba.

martes, 20 de diciembre de 2016

Turistas


Al alza del turismo, leal amiga nuestra

Existe una ciudad en Cuba que está habitada por turistas. Una ciudad de 500 años y estilo colonial, como una pequeña Varsovia en el centro sur de una isla en el Caribe por donde pasan cada día unos 1500 visitantes y donde sus propios habitantes igual parecen andar de pasada.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y Del Espíritu Santo, les voy a contar la historia de Trinidad. Aunque, llegado el caso, sería mejor escribir en el nombre del trinitario, y del turista, y del santo espíritu del CUC. Pero como del CUC y los trinitarios ya se ha hablado bastante, yo mejor me quedo con los turistas. Y ya si la cuestión es de intertextos sobre la santísima trinidad, pues de los visitantes foráneos me encargo en el nombre de los hostales, las paladares y las/los jineteras/ros.

martes, 13 de diciembre de 2016

Viñales


Foto: Yariel Valdés
A la Octava Graduación de Periodismo de la UCLV

Despertar en el mismo corazón de Viñales parece demasiado perfecto. Tanto que puede resultar nocivo, como un espejo ante imperfecciones propias o como un hervidero de emociones para creer que no se es feliz en otro lugar. El verde de las hojas, un cielo que parece derramarse, intenso, sobre las lomas, configura la estampa bucólica más hermosa de toda Cuba, un ambiente tan natural que da ganas de lavarse la ciudad que traemos encima y quedarse allí para siempre.

En una mañana de 2011, desperté en una de las cabañas del campismo Dos Hermanas, en el mismo corazón de la cordillera de Guaniguanico, donde estaba junto a una camada de futuros periodistas. Lo primero que me topé fue la singularidad de los mogotes, montañas deformadas por la erosión del tiempo que recuerdan que el almanaque no siempre desvanece la belleza, sino todo lo contrario: la exalta. Estaba de pie, frente a dos elevaciones tan cercanas, tan alcanzables, tan simétricamente deformes… y respiré profundo, o mejor, suspiré.