martes, 27 de septiembre de 2016

Disquisiciones en un día de lluvia



En Trinidad, a esta hora de la tarde, ya han caído más de 200 milímetros de lluvia. El día, como es de suponer, es más que gris. Es solitario. El techo de mi casa me protege del diluvio, pero se convierte en cárcel. Una cárcel donde no entra el agua a mi cabeza pero moja sin piedad el corazón. Un corazón distendido por malas pasadas, por desengaños y nostalgias. Nostalgias que aparecen en forma de letras, como si quisieran que yo las escribiera impías, desechas, enojadas.

La lluvia tiene esos efectos sobre los estados de ánimos. Y sobre el alma, que en el día de hoy ha aparecido muy mojada y la he descubierto sucia y limpia, llena de penas y glorias, de ángeles y demonios, de miserias y plenitudes. Contradictoria.

martes, 20 de septiembre de 2016

Teo Pereira, el periodismo y la realidad


Foto: Tomada de Internet
En el capítulo del miércoles 7 de septiembre, en la telenovela brasileña Imperio se muestra una secuencia de escenas que refleja las celebraciones por año nuevo y Teo Pereira, ese personaje caricaturesco, ese periodista impertinente dibujado con una gruesa línea de antagonismo en la trama, se ve celebrando la noche vieja a oscuras, con una botella de Wiski, acompañado de la soledad que él mismo ha cosechado.

A estas alturas el público lo menos que dirá es: se lo merece. Hasta yo, valga aclarar, enganchado a Imperio desde hace unos meses, el personaje de Teo me molesta mucho. Es tan incisivo él, tan indiscreto, presto a llamar la atención de todos y acabar con la alta clase brasileña, la pobre alta clase brasileña que quiere, de todas formas, escapar de este demonio de la prensa que no los deja vivir a plenitud. El paralelismo con la figura del paparazzi, aunque técnicamente no lo sea, resulta innegable.

Tan bien configurada está la historia en este sentido que no podemos evitar una polarización inmediata. Amamos a los ricos, es decir, al Comendador y su familia; al Comendador, símbolo de la versión sudamericana del sueño americano, el inspirador pueblerino que logró ascender hasta lo más alto de la escala social carioca y que, pobre de él, tiene que lidiar con las publicaciones inescrupulosas; y odiamos a Teo.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Circuito Sur

Ilustración: Yakumo
Isabel vive en el kilómetro uno del circuito sur, tiene 72 años y es sorda. Habita allí, lejos del centro histórico, a un costado de la carretera que llega a Cienfuegos, donde no pasan los turistas a tomar fotos, donde no hay hostales ni galerías ni bares ni folclore, donde a unos metros de la entrada, un cartel advierte que ya la ciudad acabó. Ese caserío de más de 30 hogares crece año tras año sin que nadie lo conecte a la red hidráulica que abastece al resto de la villa.

El ambiente es bucólico, apacible. Entre casas de mampostería y techos de zinc, se percibe el olor a corrales de carneros, cerdos y pollos. No hay asfalto en los caminos. Frente a las casas, se ve gente bullanguera y pueblerina. Se ven, también, cisternas con armaduras de ladrillo, como viejas bocas sedientas que salen de la tierra dispuestas a tragar mucha agua. Cisternas que son una habitación más de la vivienda; cisternas enormes de más de 800 litros; cisternas medianas y cisternas pequeñas. Para algunos, como Isabel, no hay cisternas.