miércoles, 26 de agosto de 2015

¡Cuidado, trámite en ETECSA! (I Parte)

Tan extensas devienen las colas para realizar un trámite en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) que el usuario puede tener la pasmosa sensación de que no necesita salir de casa para pedir el último ¡Tan enormemente grandes que puedes encontrarlas en cualquier lugar!

Hay demasiado calor a las dos de la tarde de este agosto cubano. En el Taller de reparaciones de Etecsa, al lado de la Catedral de Santa Clara, somos unos pocos los que pretendemos resolver nuestras inquietudes tecnológicas, que se acrecientan mientras pasa el tiempo y aún seguimos siendo víctimas del tedio y la espera.

Es casi el mismo deja vú: Doquiera que haya un establecimiento de esta magna empresa, tal vez una de las que mejor funciona ahora mismo en el país (monetariamente hablando), existe detrás una cola. Mucho más ahora, cuando la diversificación y ampliación de sus servicios —dígase Internet, WIFI...— constituye una realidad que avanza sin retorno.

El solitario patriarca de los suelos


Foto: Yariel Valdés González
“Yo te voy a decir una cosa periodista: ya la juventud no quiere pasar trabajo”, y el único topógrafo de los campos de caña en Sagua La Grande, Villa Clara, lo dice con el énfasis de quien sabe muy bien qué es labrar el campo durante casi 50 años sin un sustituto visible. “El otro día salí con unos estudiantes que estaban de prácticas laborales y te digo que ninguno se ensució ni la suela de los zapatos”, protesta.

Con la cuenta perdida acerca de los kilómetros recorridos por esos suelos, calculando áreas y perímetros en terrenos donde pronto se sembrará caña, Cisto Flores Yanes apenas siente el dolor de los callos de sus pies. Acostumbrado como está de andar guardarrayas no es su salud la que le preocupa, sino la de la tierra que por suerte todavía doblega bajo sus pies. “Cuando yo no esté no se quien carajo va hacer este trabajo”.

martes, 4 de agosto de 2015

Yutones, esas emperatrices en decadencia

Caricatura: Martirena
No tienes que ser jefe de auditorías, ni inspector de transporte, ni gran visionario ni pitonisa. No tienes que tener másteres, doctorados, licenciaturas. Ni siquiera, ser empleado de terminales, simple cubano de a pie, o norteamericano —ahora, tan de moda— para percatarte de que, efectivamente, las reinas de la autopista nacional se están poniendo viejas.

Sí, nuestras emperatrices asiáticas: las Yutón. Tan cómodas, al principio. Tan enigmáticas y tan preferidas, están condenadas —¡las pobres!— a ver pasar el tiempo sin que vislumbren sustitutas en su siempre largo camino al andar.

Era el 2005. Estaban nuevecitas. Llegaron y no había un camión que no les pitara. Un no sé qué convirtió en buen augurio, por primera vez, la cercanía de una presencia china en las espaldas. ¡Qué fórmula! Claro, la única. Y tanta fue su fama en territorio cubano que no hubo habitante de esta isla que no sucumbiera a sus encantos.