martes, 26 de mayo de 2015

Regreso a Ítaca, ¿una catarsis necesaria?


Que Regreso a Ítaca resulta una película catártica no es secreto para nadie, mucho más al conocer que uno de sus guionistas, Leonardo Padura, forma parte de la generación a la que quiso ponerle voz en este largometraje lo bastante incisivo como para poner en jaque a directivos a lo largo y ancho del país. Pero, al fin y al cabo, ese sector poblacional que vive los 50 años de edad, se merecía un grito de desahogo ¿no?

Puede ser, ciertamente, que la vida de los cubanos que nacieron con la Revolución es mucho más compleja, más rica en matices. Es comprensible creer que no todos resultaron ser escritores devenidos emigrantes, ni pintores frustrados por el estado de las cosas, ni madres condenadas a perder a sus hijos en el exilio, ni empresarios corruptos ni “creyentes” comunistas en plena “crisis de fe”. Pero asumámoslo: también este grupo de cubanos forman un porciento altísimo.

domingo, 17 de mayo de 2015

Homosexualidad y reacciones exotérmicas


Dígase homosexual y veremos un aluvión de opiniones encontradas, incluso diferentes cada una de otras, y otras, y otras que ocupan extremos de impensados propósitos y tendencias del pensamiento. Dígase homosexual y lo que entendemos por moralidad se tambalea.

Ciertamente, pocos asuntos relacionados con la virtud humana de las “buenas costumbres”, de lo “natural”, generan tanto debate como los relacionados con la homosexualidad y la reclamación de sus derechos. No del sexo, cuyos tabúes parecen casi extintos en el umbral del siglo XXI, sino del peligro potencial que todavía —y por desgracia— demasiada gente ve en que dos personas con los mismos genitales puedan consumar su amor sin necesidad de escondidas o dobles personalidades.

lunes, 11 de mayo de 2015

Gastronomía privada en Cuba ¿cuento o historia sin fin?


No me dejarán mentir quienes de vez en cuando pasan por alguna cafetería o punto de venta no estatal de los que abundan en las ciudades cubanas de hoy: Lo que parecía en principio color rosa va cambiando de color en detrimento de la calidad de los servicios. De un lugar a otro, todos parecen experimentar el mismo deja vú: Música demasiado alta, colas extremas, desatención (y hasta maltrato), y en general un ambiente desfavorable, como si hubiesen calcado los viejos establecimientos estatales que desfallecían en las esquinas sin nadie que les devolviera la finalidad con que fueron creados: ofrecer un buen servicio y prestar la debida atención al cliente.

En algunos lugares, si encuentras un mesero educado: «Buenas tardes, siéntense por favor, ¿qué desean tomar?» tras la sonrisa y palabras corteses, quedarás deseoso de cumplir expectativas que se esfuman cuando, al regresar, lo ves traer el helado de otros —o el café, o el bocadito— y tienes que esperar siglos hasta contemplar tu pedido en la mesa. En otros sitios sucede que, de tan demandados, los trabajadores no tienen tiempo para mirarte a la cara y asumir tus reclamos con profesionalidad.