miércoles, 18 de febrero de 2015

Sacerdote Fantasma


Dicen que en las noches pasea por los rincones de la iglesia sin rumbo alguno. De un lugar a otro camina, entre la tristeza de la oscuridad y la desidia de quien lo ve. ¡Un fantasma! Gritaron por vez primera cuando lo descubrieron ¿Un fantasma? Se preguntan los incrédulos, resistentes a comprender la realidad de un templo ubicado en el corazón de la villa de la Santísima Trinidad, al centro sur de Cuba, una tierra que seguro Alejo Carpentier soñó cuando escribía lo real maravillo latinoamericano.

La sotana, describen los testigos, lo delatan como un antiguo sacerdote, a veces oscura, a veces clara. Tiene el andar pausado, como de condena. Vaga por reclinatorios, como pasando revista a cada una de las efigies de los santos. Se le ha visto en el santísimo sacramento, en el altar mayor, en el coro central, en los confesionarios. Quizás deambula destinado a comprobar eternamente que esta es la iglesia con el interior más grande del país, cuyos campanarios inconclusos le resaltan esa bendición de sitio único por su belleza inacabada. Quizá esa alma está apegada sin remedio a sus cimientos.

Cimientos de los que emana una historia. La historia de monjes dominicos que en las últimas décadas del siglo XIX escondían objetos valiosos en pasadizos secretos debajo de la iglesia, para resguardarlo de los ataques piratas. Según el vox populi algunos nunca salieron y, cuando todos olvidaron su presencia, murieron rodeados de objetos preciosos. Dicen que algunos espíritus resguardan la entrada para que nadie la descubra.

viernes, 13 de febrero de 2015

Un San Valentín en el Eusebio Olivera

En noches invernales como las de estos días suelo evocar a la tropa que ven a la izquierda de este post. Estos son mis amigos del 10mo diez (luego onceno ocho), las almas del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Eusebio Olivera, un sitio al que prefiero recordar desde la candidez de esos rostros.

Aquí tengo a quienes todavía hacen una llamada salvadora, un clic en el email, un me gusta oportuno en Facebook. Estos son los inmortales, quienes lograron vivir conmigo las glorias y muchas penas que rodean a un preuniversitario becado: desde una tarde bien aburrida de domingo, o una invitación a casa el fin de semana, hasta la prueba final que circulaba ilícita de mano en mano.

Luego están los consortes de las campañas más innumerables en busca de diversión y refuerzos alimenticios. Aquellos en quienes podías confiar hasta la muerte cuando de ir contra el profesor se trataba; que compartían la última lata de fanguito y galletas viejas; que peleaban con uno para que estudiara y saliera bien; y no competían, y se alegraban de veras cuando uno sacaba buenas notas, y cuando no…

miércoles, 4 de febrero de 2015

El imperio del chofer


Caricatura: Martirena
Por obra y gracia del conformismo uno puede creer que en algunos ómnibus Youtong funciona cierto régimen teocrático. Los conductores actúan como emperadores supremos, mientras que nosotros, los pasajeros, hacemos el papel de súbditos sin más remedio que acatar las órdenes, sin peros ni contras. Y si por casualidad alguno alza la voz para reclamar su derecho, puede sucederle como a una doctora que viajaba en la ruta Habana-Vueltas:

—Oiga, chofer ¿no ve que hay niños aquí y no debe poner ese tipo de videos? Usted debería cuidar lo que pone en su autobús, y más en viajes de largas distancias. —Inquirió en alusión a unos documentales con lenguaje de adultos.

—Ay señora, como si los niños no vieran eso en sus casas —, respondió el chofer.

Ella replicó diciendo que en el domicilio cada persona se atiene a las consecuencias de sus actos, pero que en los servicios públicos existen reglas. Sin embargo, lo que no sabe la doctora de esta historia es que en las guaguas de la empresa de Ómnibus Nacionales se han establecido reglamentos propios, y no precisamente a favor del viajero.