miércoles, 28 de enero de 2015

28 de enero


Acostado en su cama, con los ojos cerrados y más despierto que nunca, el niño esperaba a que el timbre del despertador le anunciara a su madre que ya era hora de levantarse. Estaba cerca el momento, lo sentía y no podía evitar la emoción de creerse el protagonista de su propio cuento de hadas en aquella mañana del 28 de enero, por allá por los años 90.

Si era la parada martiana, o el desfile, o como quiera que le llamaran a aquellas dos horas de felicidad, a él no le importaba. Era su primer año vestido como mambí. Aquel mambí que luchó por la libertad de su país, aquel mambí bravío de la estirpe de los Maceo, aquel mambí que liberaba a Cuba de los panchos, aquel mambí de barbas anchas, sombrero de guano y polainas negras. Aquel mambí que le pegaba una dulce sonrisa en la cara.

miércoles, 21 de enero de 2015

El misterio de Colorama


Nos lo puso sobre la mesa el periodista Yuris Nórido en CubaSí cuando comentó acerca de la ausencia de videoclips extranjeros de la Televisión Cubana. Ahora toca reflexionar sobre la desaparición fortuita —sin una explicación previa— de Colorama, espacio televisivo consagrado al tema, con más de 20 años de salida al aire, el primero a color (de ahí el nombre) que se transmitió en la Cuba revolucionaria. ¿Se lo robaron?

Tras el misterio del caso he ido por las redes sociales. Traté de averiguarlo con funcionarios del ICRT. Intento fallido. Solo alcancé la información de un colega, quien no quiso revelar su identidad pero confesó conocer a la persona encargada de emitir la orden para el fin del programa. Luego, tras el mismo rastro, a tientas escribí vía mensaje privado de Facebook en la página oficial de los Colohits —el hitparade del programa que pese a la salida de circulación continua actualizándose en internet con el auspicio de Joel Guillán, su director, y aun con la foto del último anitrión, Sian Chiong—.  A expensas de recibir un requerimiento cito indirectamente una conversación vía chat con el director del espacio, Joel Guillén.

miércoles, 14 de enero de 2015

¿Un terremoto en Trinidad?


Silvia Dalmau, mi abuela, nunca conoció de Juan Candela. De haberlo visto en persona hubiese caído de amor a sus pies. Como al viejo guajiro cuentacuentos —nacido del puño y la letra de Onelio Jorge Cardoso—, a la madre de mi padre se le van las horas construyendo historias sobre una realidad tremendamente exagerada. Quienes la conocen saben que la fabulación se convirtió en su muy personal manera de sobrevivir a la austeridad de la vida.

En las tertulias después de comer se la ve, oronda, introducirse en un monólogo exquisito. Su cara deslumbra por el placer. Los mundos cambian, para sí, gracias a las interminables novelas que llegan a trastocar realidad y ficción con tanta naturalidad que uno se pierde:

En ese punto ella puede ser maestra, enfermera, psicóloga. Fue el primer caso de dengue en Cuba, cuando nadie conocía la enfermedad. Sabe inglés como nadie por estudiarlo en el extranjero, aunque ahora no pueda hablar porque el idioma “no es el mismo”. Su hermano mayor, tras dejar Cuba, fue alcalde de Hialeah, y también periodista, y hombre de negocios. De joven solía escabullirse a la entonces virgen playa Ancón, donde una vez tuvo que escapar de una manada de tiburones. Su luna de miel transcurrió en Miami junto a todo el equipo de la boda (años después, cuando se confirmó la falsedad, alegó que el viaje fue cancelado pero que el anuncio lo publicaron en el periódico).

jueves, 8 de enero de 2015

500 + 1


La Trinidad del 500. La excelsa Trinidad. Un don del cielo. Parece que ya todo está dicho en una ciudad patrimonial de medio milenio de existencia: La nueva opulencia. La apertura al turismo. Las monedas que brotan cañada abajo. Y la ciudad despierta como un inmenso bazar al mundo, con de todo y para todos, deslumbrante y hermosa. “Como hacía tiempo ninguno de sus pobladores la habían visto”, dicen por ahí. Pero me duele esa tesis que expresa que detrás de todo esplendor espera la decadencia.

Caminar hoy por sus calles es toparse con la exquisitez de un centro histórico más vivo. De la calle cristo a la de Amargura, y pasas por Tristá para terminar en Boca, y de allí hasta Desengaño, da lo mismo. El visitante advierte la vida de un pueblo volcado a los servicios. Todo tipo de servicios, como sabe usted, resultado de un plan inversionista por convertir a la ciudad en centro de referencia turística internacional – Y lo va siendo, vale decir–. Servicios que emergen del nuevo sector privado en Cuba, sin que nuestro Gobierno imaginase el impacto tan brusco que daría en un espacio de tierra como este: