martes, 18 de noviembre de 2014

Olor de Santa Clara


Me cuesta escribir de Santa Clara. De sus calles y plazas, de su gente, de sus achaques como parte de mi Cuba. Me cuesta entender qué hago en estos predios sin saber a plenitud cómo se vive y se respira (como si el fantasma de Trinidad no dejara desarrollar mi mente) ¿Será que aún no hecho raíces aquí?

Santa Clara es de espíritu artístico. Nadie que la conozca puede dejar de admirarla. Santa Clara es Marta Abreu, es el Che. Es Feijoo y es Anido. Es trovuntivitis, universidad, Mejunje. Es también Silverio, que es lo mismo que diversidad, que es color, que es alegría.

Santa Clara, aun con todo, se me escurre entre las manos. Mis jefes me dicen: ¿cuándo vas opinar sobre la ciudad, sobre la realidad del día a día? Y el fantasma de Trinidad todavía me persigue. ¿Acaso Santa Clara no es Cuba? ¿Acaso Santa Clara no existe desde el socialismo nuestro de cada día? ¿No es de cambios sociales, de actualización del modelo económico y de lineamientos? Es de dominó y de ron santero, de curas, changó y Céspedes.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Malas palabras


Hubo tiempos en que yo no decía malas palabras. Ni una. Recuerdo que de pequeño me mordía los labios cuando me enfadaba, antes que soltar alguna obscenidad, ni en público ni en privado, lo cual resultaba raro porque en casa, si bien nadie tiene el lenguaje depravado, tampoco existen prejuicios al respecto.

De niño coexistía con amigos que las soltaban siempre y que al mismo tiempo me requerían por no decirlas, chama, quien ha visto un hombre que no diga malas palabras? Muchos, respondía yo. Recuerdo que un día, jugando beisbol sin bate – no se ahora, pero en los 90 los muchachos del barrio bateábamos con el puño – el negro Yoandy con una bola de trapo me soltó un pelotazo en la cara, y terminé llorando no del dolor, sino por la imposibilidad de aliviar aquello sin un buen me cago en la…