jueves, 18 de abril de 2013

El oscurantismo de abril

La mañana del 14 de abril de 1990, Thelvia debió sentirse más ansiosa que desesperada. No hubo dolores de parto, ni fuente rota en la madrugada, ni imprevisto, ni premura. Mientras veía el ir y venir de los médicos que me pondrían, por fin, de cara frente a este mundo, pensó que la cesárea resultaría la decisión correcta.

Nací un sábado a las 11 y algo de la mañana, con un sol que prometía una jornada perfecta. Mas,  4 días después, al tan rebosante pequeñuelo le detectaron  una hemolisis medicamentosa (alteración de los compuestos sanguíneos por reacción a ciertas sustancias) que lo ponía en riesgo de muerte. ¿Mal de ojo? Me pregunto sin reparos aun cuando la superstición no sea mi fuerte.

Gracias a Dios viví. Sin embargo el descubrir la suerte de mi destino hace que reflexione sobre la fecha de mi nacimiento como significado de una premonición oscura. Y no solo por los sucesos de mi madre, sino porque ciertos hechos históricos lo confirman.

Para 1999 tenía entre manos, gracias a la magia de Hollywood, la fatídica historia del barco Titanic. La tragedia marítima más grande de la historia que cobró la vida de casi 1600 personas, tuvo su génesis el mismo día de mi aniversario cuando a las 11:40 PM chocó con un Iceberg en medio del Atlántico. Décadas antes, un bastardo escogió este día del cuarto mes, para propiciarle un disparo certero al presidente norteamericano Abraham Lincoln, quien falleciera la siguiente jornada.

El 14 de abril se celebra en muchos países de nuestro continente el día de las Américas, una celebración pro imperialista que se aviene con las concepciones del panamericanismo, la ideología reduccionista por excelencia de capitalismo xenófobo de los EE.UU. Por cierto, la versión oficial (no la original) del himno acompañante, incluye una enumeración detallada de las naciones del continente, pero excluye burdamente a Cuba.

Por estos días, mientras investigo cuáles otros sucesos importantes coinciden con mi cumpleaños, me percato de que, además de ser la conmemoración por la muerte del poeta de la Revolución de Octubre, Vladimir Maiakovski, salen a la luz otros más iluminados por la dicha.

Lo pienso mientras recuerdo las elecciones de este domingo en Venezuela, sobre su futuro para los siguientes 6 años de presidencia y la necesidad de mantener a toda cosa el proyecto reivindicador de la América soñada por Bolívar. No me cuesta nada ser soñador, como no temo divulgar mi admiración por un proceso al que considero marcadamente progresista, necesario y bueno para estas tierras al sur del Río Bravo.

Pero, a la vuelta del pasado domingo la maldición de la fecha sobrevoló una vez más mis quimeras. Todavía no entiendo el margen tan estrecho para la victoria de Nicolás Maduro, en una Venezuela que aun suelta lágrimas de dolor por la pérdida de uno de sus mejores presidentes. ¿De verdad un voto depende tanto de la demagogia? ¿Por qué unos millones pudieron cambiar de opinión en menos de 6 meses? Aun así un pequeño porciento nos hizo respirar profundo a muchos – cubanos la mayoría, a los cuales nos gustaría tener vela en ese entierro –.

Hasta que despertó la cólera de Capriles. Una cólera que más que el grito por la muerte de su amigo Patro-voto, se oyó como el llanto de un niño cuando le arrebatan el dulce. La diferencia está en que un infante no ocasiona la muerte de los inocentes que apoyan a sus enemigos (suman 8 según los últimos reportes). Ni pretenden sumir a todo un país a un estado de división social desmedida, ni quieren privatizar la salud y la educación, ni mienten por dinero, ni matan.

Así existe en estos días la suerte de los venezolanos, pero los de izquierda, los chavistas que por defender valores de progreso ponen en peligro su vida. Aquí, sentado frente a una computadora sin escuchar un solo disparo – porque es una de las dichas del cubano, la ínfima violencia – siento un enorme pesar por la realidad de países con tan buena perspectiva política, y como algunos se empeñan en desmoronar. El mío tiene problemas, pero la gente no muere en las calles.

Por eso, cuando se acerca mi cumpleaños, prefiero recordar que mi madre, más allá del pesar cuando conoció mi enfermedad, encontró una razón más para estrecharme en sus manos inevitablemente. De esta manera convido a quienes quieran, de Cuba, de Venezuela y del mundo, a que olviden el oscurantismo de este abril y abran sus corazones a la esperanza de los días venideros, cuando se abran los oídos y se cierren las bocas, para dejar pasar la sensatez política en un subcontinente que lo necesita.

Tal vez así no haya hechos históricos que me sepan tan amargos.

miércoles, 17 de abril de 2013

Los médicos cubanos son sagrados (carta abierta de blogueras y blogueros cubanos)

Hace apenas unas horas hemos conocido por amigos residentes en Venezuela, cooperantes cubanos, medios de comunicación de la isla y por la cadena multiestatal Telesur que más de una docena de Centros de Atención Médica ha sido atacada por parte de miembros de la oposición venezolana.

Como blogueros y blogueras cubanas condenamos las acciones violentas de cualquier naturaleza e instamos al pueblo venezolano a velar por la vida de nuestros médicos, cuya única labor en esa nación ha sido la de salvar  vidas en los sectores más pobres y vulnerables y devolver la salud a millones de pacientes.

Cualquier inconformidad con las recientes elecciones venezolanas, cuyo resultado final declaró la victoria del presidente Nicolás Maduro según el Consejo Electoral Nacional y observadores de diferentes regiones internacionales, debe ser tramitada por la vía legal y en un clima de respeto y paz, como han reiterado varios funcionarios gubernamentales.

Como ciudadanos y ciudadanas de Cuba seguiremos y denunciaremos públicamente cualquier intento de poner en riesgo la vida de médicos de nuestra nación por motivos xenófobos, de intolerancia política o de cualquier otra índole.
17 de abril de 2013
(Tomado del blog Esquinas, del periodista Alejandro Ulloa)

PD: los blogueros y blogueras que quieran unirse a esta carta abierta, cuélguenla en su blog y dejen el link de comentario aquí debajo.

lunes, 15 de abril de 2013

De cuando un golpe de estado mató la ética de los medios venezolanos


“El periodista se debe fundamentalmente al pueblo, el cual tiene derecho a recibir información veraz, oportuna e integral a través de los medios de comunicación social”:
Código de ética venezolano: Artículo 6, Cáp. II

Como cada abril, este 2013 Venezuela rememoró con tristeza un suceso sin paralelo en la historia de la nación. Puente Llaguno, calle elevada sobre la avenida Baral en Caracas, devino hace 11 años escenario de una masacre por parte de fuerzas de la oposición contra el pueblo, que luego observó con impotencia y desgarro cómo los medios de comunicación privados trastocaban la historia.
Los sobrevivientes todavía recuerdan llorosos aquella jornada en desmedro para las masas populares defensoras de Chávez, ante el golpe de estado perpetrado por fuerzas de la oposición. Así aseguran las memorias de testigos oculares en el documental Puente Llaguno, Claves de una Masacre: Lo que comenzó como un par de manifestaciones pacíficas, terminó por convertirse en un trágico suceso donde el pueblo resultó el punto más agredido.
El material audiovisual mencionado, recoge toda una cronología de los principales momentos del hecho. Además constituye una respuesta mediática a la ola de publicaciones manipuladas donde aseguraban que las masas seguidoras del gobierno revolucionario venezolano arremetían contra los opositores.
Desde el inicio de los acontecimientos los Media comenzaron sus divulgaciones alegando que las dos primeras víctimas, procedentes de la oposición al gobierno revolucionario, resultaron impactados por personal de Chávez. Craso error demostrado con posterioridad. Tras el reporte de balística, los resultados evidenciaron disparos a quema ropa, o sea, fueron impactados desde dentro de su propio grupo.
A esto se sucedieron cambios de nombres a las víctimas, ediciones exhaustivas de imágenes y sonidos, culpabilidad a personas inocentes e historias totalmente inventadas, que recorrieron el mundo dándoles a millones de personas datos erróneos, equívocos. Los presidentes de las principales potencias imperialistas encabezados por EE.UU. mostraron su apoyo a una causa ¿noble, justa, en bien de alguien más que no fueran los sectores privados burgueses del país sudamericano?
El documental, además de reconstruir con minuciosidad los hechos tal cuales ocurrieron en la realidad (y probar con lujo de detalles la veracidad de los planteamientos) recoge los momentos en que resultaron manipulados o víctima de la censura de todas las empresas mediáticas al servicio del gobierno de facto. Algunos sobresalen por la descarada transgresión de la realidad. Pero los ejemplos hablan por si solos.
El primero. Las imágenes mostradas por el corresponsal de la CNN como testimonio legal sufrieron recortes visibles. En su producto periodístico, del que se hicieron eco casi todas las cadenas noticiosas del mundo, afloraron los cambios temporales, la falta de verificación de datos (que no pasaron más allá de la experiencia del propio reportero) y la manipulación desmedida de imágenes y sonidos.
Otra clara evidencia resulta la censura de Isaías Rodríguez, Fiscal General de Venezuela. Con el pretexto de una renuncia pública, declaró ante las cámaras las realidades vividas en el gobierno venezolano, la cual terminó con una frase contundente – ¡Vivimos un golpe de estado! – Pero ningún canal informativo contribuyó a la declaración, que terminó cortada mucho antes de las palabras finales.
Además se puede citar el momento en que el canal estatal VTV por donde Chávez se dirigía al pueblo, fue interferido en varias ocasiones hasta que el gobernador opositor Enrique Mendoza logró sacarlo del aire. Como colofón de la oleada de mentiras acometidas por las empresas mediáticas, la península ibérica reconoció la labor reporteril en los hechos del 11 de noviembre caraqueño, con el premio de periodismo Rey de España…
Sin embargo, alguien dijo una vez que las verdades no gustaban del cautiverio. De boca en boca, los acontecimientos se filtraron por todo el país, y los medios independientes, entre otros que también se interesaron por las causas, conocieron la realidad vivida. Tal vez fue ese el antecedente de un sueño realizable más tarde con el material audiovisual Puente Llaguno, Claves de una Masacre, con el cual el mundo pudo conocer la realidad vivida hace 11 años en Caracas, Venezuela.
Cabe entonces reflexionar acerca del trabajo del periodismo, en su función social. El hecho de representar los intereses populares podría resultar una idea del libro Utopía de Tomás Moro, puesto que, cuando las cosas se salen del orden, los medios terminan por caer en los deseos más profundos de las empresas privadas.
En estos casos no importan la ética que tan exhaustivamente se elabora en pos de establecer límites de buen comportamiento en los Medios de Difusión Masivos. Las alusiones al derecho a la información, imparcialidad, veracidad, no comprometimiento con fuentes,  ideologías arraigadas o responsabilidad social son arrojadas por la borda cuando hay dinero de por medio, cuando quieren defender los principios de una clase en el poder.