jueves, 28 de febrero de 2013

Carlitos Irarragorri morirá en Trinidad

– Nena, lleva a tu niño a la Casa de la Trova. Hay un señor que enseña guitarra y te lo va a encaminar en el mundo de la música – El consejo provino de la mirada profética de la maestra Úrsula cuando aquel jovenzuelo de tez foránea, rubio hasta la coronilla,  regocijaba la calle Alameda, la escuela Pepito Tey y Trinidad entera, en una estampa de melodías procedentes de cuanto objeto cayera en sus manos.

Desde ese entonces la obsesión de Carlitos Irarragorri por combinar sonidos con el tiempo creció en los albores de su existencia. Cercano a esa institución que hoy considera su propio hogar, llegó a nutrirse bajo la égida del pentagrama popular cubano hasta alcanzar por sí mismo una maestría desconcertante: domina casi 10 instrumentos como el piano, la guitarra, el bajo y el Tres, este último de especial apego en el artista.  

Me atrevo a decir que es uno de los artistas más vertiginosos en la historia de la villa, con una perspicacia con la cual ha logrado colarse en los entresijos del mercado mundial, y con resultados cuantiosos. Por eso me doy a la tarea de hurgar en las emociones de quien es considerado un hijo ilustre, para nada ausente, de mi ciudad.

Llego a una casa colonial, por las inmediaciones de la calle Alameda con vista al parque de las tres palmitas – donde encuentra espacio la tradicional Candonga –. Lo encuentro envuelto en la nostalgia que le imprime su Trinidad de Cuba – aun cuando la frecuenta con una condición inmaculada de ciudadano suizo –, y sumido en la cotidianidad usual del obrero asalariado pero presto a encontrar los caminos necesarios para llevarme hasta cada rincón de sus existir.

Ente el bullicio del taladro en la pared, el saludo desmedido de los trinitarios en la acera y la calma aparente de un miércoles al mediodía, Carlitos prefiere acomodar dos sillas del comedor. Entonces resuena con el mismo ritmo de sus canciones la frase a modo de arrancada. –“Dale, enciende la grabadora que estoy listo”.

Recuerda los años en que la juventud lo colmaba de un ímpetu arrasador. Tocó en innumerables agrupaciones locales, acompañado de grandes músicos del patio, hasta que un día decidió constituir su propio proyecto. Al principio lo llamó Patrimonio, un septeto de música tradicional, que con la ayuda del trovador José Ferrer sería rebautizado como Montimar.

“Teníamos un éxito grande. Hablaban de nosotros en todo momento. Como éramos jóvenes, albergábamos esa fuerza y ese espíritu con los que nos servíamos para tomar el son cubano y traerlo a lo contemporáneo. Además, como dice la gente por ahí, entre col y col, lechuga, porque nosotros también incluíamos repertorio para hacer bailar a la gente, y luego mostrábamos la otra parte de la moneda”.

 – Llegado el momento decides que era preciso ascender a otro escalón de tu profesión ¿te consideras un inconforme en materia musical?
 – Siempre, yo nunca estoy conforme con lo que hago. Pienso que esa es la clave, no del éxito, porque no me considero un hombre exitoso, pero sí de estar bien conmigo mismo. Yo no me doy por vencido, e incluso, en épocas en las que uno no crea mucho, trato de refugiarme en las más disimiles influencias. Para mí la música es una sola, no importa de dónde viene, o cual es el género.

– A los 14 años ya dominabas con maestría instrumentos como la guitarra, el piano y otros de percusión menor ¿Crees que la vida te concedió algún don?
– “Sí, definitivamente fue un talento que nació conmigo porque en mi familia no había nadie que se dedicara a la música. Los vecinos del barrio me dicen que cuando yo era niño siempre andaba sacando música con palos y latas, hasta que un día, Julia, la mamá del famoso Enriquito, conocido por los trinitarios como Fufufeya, me regaló una guitarrita.”

Carlitos Irarragorri conoció apenas una formación académica más allá de su ingreso en la escuela de instructores de arte de Santa Clara, luego de sufrir una decepción desastrosa cuando conoce la noticia de la imposibilidad de ingresar en la Escuela Nacional de Arte (ENA), incluso después de alcanzar la máxima calificación en las pruebas de aptitud.  

Trinidad lleva en su espalda un problema regional grande, el fatalismo geográfico. A pesar de todos lostalentos nuestros, con la música a golpe de calle, porque por mucho que digan que existieron buenos profesores realmente la mayor formación aquí viene de la tradición y la intuición musical. Carecemos , por ejemplo, de un conservatorio de música, porque aunque la casa de cultura era un lugar  donde desarrollábamos las habilidades, no teníamos la carga teórica de una academia. Respecto al tema de la ENA,  ya el destino se encargó de llevarnos hasta la música como debe ser”.

 – ¿Cómo estableces el puente entre Trinidad de Cuba y Suiza?
 – Llegué a suiza por el destino, que a veces no puedes violar sus reglas, sus elecciones, y vivo orgulloso de ello. Allí empecé de cero, pero hoy tengo resultados incalculables por ese entonces. Tengo 2 hijos maravillosos y músicos también, y un de ellos, Leandro, excelente pianista de la música latina… y desde allá,  en cualquier lugar que esté, nunca me he alejado deTrinidad de Cuba. Voy con ella todo el día.

– Entonces tuviste oportunidad para intercambiar con artistas de renombre como Celia Cruz ¿viste algunas puertas cerradas o fuiste víctima de las intenciones políticas de algunos?
 – Celia Cruz es una de las grandes estrellas que no se puede olvidar. Para mi existen Celia Cruz y Benny Moré en la historia musical cubana. Mira, en los años de gira mundial con ella nunca se tocó la política. E incluso cuando llegué aquí luego, ya muchos sabían y nunca tuve ningún problema. Yo creo que nuestro lenguaje universal era la música, no había nada más importante.

 Entonces no le interesa la política…
Realmente no. La política es para los políticos. De hecho creo que es una carrera bastante difícil… si ya organizar la vida cotidiana en una familia es duro, imagínate en un país lo que debe hacer un político, y que vean contentos a todos, y la sociedad mejore o empeore.

– ¿Qué cree acerca de los artistas que buscan algunos puntos de fama en la política?
Yo respeto el pensamiento de cada cual. Hay países en que la política se usa un poco más para refugio del triunfo o de popularidad. Pero yo pienso que los verdaderos músicos, artistas de alma, intentan alejarse de esos puntos. Las cosas cambian, eso se ve hoy, por ejemplo, en los  nuevos convenios artísticos con EE.UU.

–Trabajas como arreglista, multi-instrumentista y compositor ¿te consideras músico o artista?
Artista en general. Artista es desde el bailarín, al actor, un pintor y ese arte en toda su extensión, yo lo veo como parte de mi alma. Por supuesto músico soy, esa es mi vida, aunque más que interprete soy arreglista y multi-instrumentista.

–En entrevistas recientes declaraste que el tres era un instrumento indispensable con el cual tienes una buena identificación ¿Pero sabe Carlitos que es considerado uno de los mejores tresistas de Cuba?
Es muy fuerte jejeje. No es la modestia, es que realmente en Cuba hay muy buenos treseros, incluso aquí en Trinidad, como es el caso de Puntilla, Orlando… en fin, muchos, que admiro y de los que me nutro también… yo soy un tresero, quizás con un poco más de armonía en mi cabeza, y con menos rapidez como Pancho Amat u otro..., y en fin sí... toco el tres, pero es muy difícil aceptar ser uno de los buenos, porque !son tantos! que difícilmente me puedo considerar como tal.
  
– En el disco Son-riendo al mundo dedicas un tema a la Calle Alameda, donde esta enclavada la casa donde naciste ¿Cuáles motivos trinitarios le revierten un significado especial, que lo hacen regresar cada año a tu ciudad natal?
Este tema Calle Alameda, hecho a ritmo de danzón, yo lo vi como un carruaje, que anda por las calles trinitarias con su sonido, esta vez deesde la flauta de Alfredito Zerquera. Hubo alguien en España que me dijo: esa canción huele a tierra fresca. Trinidad siempre anda conmigo. Y si te digo algo especial que me motiva, son las piedras.

– ¿Cómo te ves dentro de 30 años?
Me veo tranquilo en Trinidad. Con treinta años tendré 74 así que seré como Armando Lara en la Casa de la Trova…no voy a parar de hacer música mientras la salud me lo  permita.

– ¿Eso quiere decir que terminarás tus días aquí, en la villa donde naciste?
No esperaré a ser tan viejo, ya pretendo intercambiarme entre Trinidad y el mundo. Las cosas cambian. Ahora se está haciendo más fácil hacer una gira y regresar a casa. Mira todas estas últimas noticias sobre las leyes migratorias…

–Carlitos, definiciones finales:
¿La música?
Mi todo. El alma, el oxígeno, el sol, la luna y las estrellas

– ¿Cuba?
Las cuna donde creces y te desarrollas

– ¿Trinidad?
Cerca del mar y del monte

– ¿Músicos trinitarios?
Mis hermanos

– ¿Caritos Irarragorri?
Un trinitario más.

jueves, 21 de febrero de 2013

No me creo la coartada de Benedicto XVI

Sinceramente no logro concatenar mis ideas luego de que, con la misma naturalidad de sus bendiciones apostólicas, el papa Benedicto XVI anunciara su retiro del pontificado el próximo 28 de febrero.

Los pensamientos me abruman como buscando una forma de entender los motivos encontrados por una de las figuras más influyentes en todo el mundo – quien se despidió del ministerio de San Pedro refiriendo cansancio y agotamiento físico y mental–, para renunciar a un cargo a la manera de la jubilación de un jugador de baloncesto. Como católico, si me preguntan ahora mismo qué opinión me merece el hecho, respondo sin reparos: no me creo la coartada.

Más bien, las razones me sobran para afiliarme a teorías que no por escurridizas carecen de validez. Por tanto creo concordar con un investigador europeo, quien refirió al portal RT.Actualidad: “La renuncia del Papa es fruto de la lucha a muerte dentro la Iglesia, entre las fuerzas de la masonería y la fe católica”.

El asunto ha resonado a lo largo del siglo XX con verosimilitud, aunque a decir verdad no existen pruebas concretas al respecto. Las acusaciones vienen, de una parte por el esparcimiento cada vez más visibles de símbolos masónicos en el mundo – según algunas hipótesis los gobiernos y empresas más influyentes viven bajo los designios de esta congregación, y direccionan cada partícula del planeta, incluyendo la actual crisis financiera internacional –, por otro extremo por las visibles inserciones de políticas progresistas en el seno de la iglesia – fundamentalmente en el concilio Vaticano II – , para muchos más ligadas a las concepciones masónicas que a la doctrina cristiana.

La santa iglesia católica, quien llevara las riendas de toda la civilización occidental con brazo de hierro durante siglos, resultó una censora fortísima al irrumpir en la realidad moderna las sociedades secretas, lo que posibilitó una enemistad inmediata entre ambas instituciones. Bastaba solo mentar el nombre masón para que el clero oliera a azufre del infierno, y condenara a la persecución a cada uno de los afiliados a la fraternidad. Lo que puede conllevar a conclusiones probables de que la masonería tiene razones para intentar destruir a su acérrimo opositor de la manera más sutil: desde dentro.

Las acusaciones son serias, vale decir, pero la presencia masónica en otros sectores políticos y sociales devienen una realidad palpable. Dicen que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, afiliados a sectores religiosos conservadores, resultaban fuertes obstáculos para algunos cardenales de reconocida correspondencia con logias italianas. Si es esta la razón de la renuncia o no, muy pocos pueden probarlo, pero no deja de ser preocupante. 

Sin caer en la denuncia hacia los masones, de los cuales tengo poco conocimiento, me alejo de cualquier prejuicio determinado por mi condición de religioso. Pero el secretismo que guarda su doctrina, no deja mucho que desear a quienes ven en los sucesos de este mundo un halo de misterio sin explicar.

Tal vez así, asumiendo la actitud del Papa como resultado de un martirio por las presiones al interior de la curia romana, me logre sumar a los millones de hermanos católicos en el mundo que alzaron sus voces a favor del Sumo Pontífice cuando catalogaron su acción de valiente y audaz  para el bien de la iglesia. Tal vez, reitero, porque si es cierto el ruido que alcanzan a escuchar muchos estudiosos alrededor del mundo, puedo reconocer la ardua labor llevada por el Papa en aras de poner en órbita una institución desacralizada por años y al parecer en la mirilla de la sociedad secreta más poderosa del orbe, la cual tenía en el excardenal Joseph Ratzinger un fuerte opositor – también acusado de masón en varias ocasiones.

Aclaro que no me afilio a las concepciones apocalípticas de varias sectas cristianas. No soy de los que utiliza la Biblia en un afán por interpretar la decadencia de la contemporaneidad. No aplaudo las teorías acerca de conspiraciones universales que traslucen el Apocalipsis bíblico y abarrotan los medios protestantes del siglo XX – y lo que va de XXI –. Ni creo ver al diablo donde solo hay acción humana.

Pero reconozco las disfunciones de este mundo, y más aun, las de mi iglesia, una institución abrumada por un pasado engorroso con el cual se ha ganado no pocos enemigos. Un organismo que muchas veces confundió los caminos de la llamada religión del amor, y en aras de purgar el mundo de pecado se armó de organismos represivos como la Santa Inquisición. No por gusto muchas veces he regresado de misa pensando en un refrán bastante definitorio cuando de la historia del catolicismo se trata: de buenas intenciones está plagado el camino hacia el infierno. 

Nota: Algunos artículos relacionados, y de carácter más optimistas aquí, aquí, aquí
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jueves, 14 de febrero de 2013

Ínfulas de poeta



“La poesía, que congrega o  disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe o el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma (…)”
José Martí
La Madrugada fría de aquel diciembre de 2007 no podía más sino condenarme a un paseo noctámbulo, por los entresijos de la bruma campestre de Planta Cantú (campismo ubicado en las inmediaciones de la carretera Sancti Spiritus-Trinidad). La estancia había prometido un aburrimiento considerable y ya todo el tumulto del 12mo grado de IPVCE yacía en sus camas. Yo, después de vagar solo como buscando un motivo a mis pensamientos, logré divisar una figura tenue por entre las sombras de los árboles.

-Jessica, son 3 de la mañana ¿qué haces aquí tan sola? –Pregunté con curiosidad algo infantil.
- No tengo sueño Luis. - Dijo ella  mientras hacía malabares para esconder la mirada.
Entonces me percaté de las lágrimas que había logrado guardar por la cercanía de mis pasos, y, aunque ya bastante me pesaban los párpados, me detuve un rato porque creía prudente aliviar aquella pena desconocida.
¡Ah, cuál fue mi sorpresa! La compañía resultó interesante, desenfada, interminable. Hablamos de lo humano y lo divino, de ella, de mí, de nosotros y su necesidad inaccesible de encontrar un abrazo. La noche terminó con un beso cuando ya veíamos acercarse las primeras luces de la aurora.
Pasó el tiempo. Después de varios meses de incertidumbre, un 11 de febrero decidimos probar qué podía salir de aquel calor nacido entre “los tormentos de la noche”. Y como eran vísperas de San Valentín, no se me ocurrió mejor regalo que acudir a los designios de Erato.
Un 14 de febrero, hace al menos 7 años, plasmé entre papeles estos versos: 
Donde te encontré
Te encontré sentada donde acaba el mundo,
Sobre una roca pulida y al lado de un roble viejo;
Te encontré donde comienzan los besos
Y termina una historia,
Donde también existe el amor
Y otras tantas cosas como esa.
Te encontré allí, sin darme cuenta,
Porque al paso de los minutos
Apareciste sonriendo
Para hacerme entender que te había encontrado.
Te encontré, sí,
Y me presento ante ti como un extraño,
De nosotros depende que el río fluya hacia el mar
Y que los peces vuelvan a ser peces.
De nosotros depende que la montaña quiera ser conquistada
Y que el alpinista vuelva con vida.
Te encontré dormida en una escalera,
Al compás del tormento de la noche,
Te puse una manta que cubría tus sentimientos
Y me hice el poeta
Para escribirte en un viejo papel,
Mis corazonadas,
Mis antojos de hombre sufrido
Y mis ridículas ganas de besar que ahora me están matando.
Te encontré buscándome…
Y me encontraste mejor de lo que imaginaba;
No te preocupes por el fin de las historias
Están hechas para cuando terminen,
En su lugar nazcan otras. 
Ahora ella tal vez no encuentre las mismas razones para agradecerme el haberla encontrado “buscándome”. Según dicen, no agrada de la persona en que me he convertido. Igual recuerdo los días cuando mis ínfulas de poeta lograban premiarle sus páginas en blanco. Todavía conservo estos versos, y otros, rellenos de amor púber, que descansan en un Word bastante viejo, todavía con el sonido de los grillos y la luz de la luna entre las rendijas de un columpio.

jueves, 7 de febrero de 2013

Un guiño para Carlitos Irarragorri, el mundo le son-ríe



Si la salsa es el son que va/, si el son es la salsa /yo le indico al bailador qué pasos tiene que dar… y los pies siguen las órdenes de la música con el ímpetu del sol de Cáncer cuando irradia sobre las pieles cubanas. Entonces uno ratifica el sabor tremendamente tropical, exquisito al paladar de los oídos, que el álbum “Son-riendo al Mundo” del músico trinitario Carlitos Irarragorri – suizo por adopción –  advierte desde la primera pista.                                                

Por entre los vericuetos de la Internet, las informaciones sobre el material discográfico premiaban mi incipiente olfato periodístico, y confieso que pude rozar el desespero por las expectativas expuestas en todas las direcciones de la Red de Redes. Finalmente está en mis manos luego de ver lo bastante difundida la noticia – por entre un círculo,  tal vez reducido, de músicos empedernidos – sobre un disco que había prometido alzar la música nuestra, la trinitaria, hasta las cimas del pentagrama mundial.

Basta oprimir play para recibir un aluvión de buen gusto estético. Desde el inicio del álbum, la canción Sonli (Pancho Amat en el tres y Barbarito Torres en el laúd) advierte el trabajo ofrecido a lo largo de 11 pistas compuestas, arregladas, e interpretadas por el propio Irarragorri. Continúa Bolereándote, también un preludio, digámoslo así, para saborear el lado más sensible del disco, con una interpretación vocal de Carlos Ramírez (el bodeguero), propuesta sui géneris para dar a conocer a quien se desempeña como dependiente en una bodega trinitaria con la gracia de la música a flor de piel. Nada que no pueda resolver Amik Guerra en un solo de trompeta formidable.

No exagero cuando lo califico como una verdadera reliquia de la música tropical, al punto que, por momentos, cierro los ojos y no puedo evitar figurarme una playa, como el propio músico hizo en el track 5, donde el Ancón nos canta en invitación jovial: agua yo traigo pa´ ti. Imagino los días de verano cuando las pistas de baile enaltecen el paisaje de arena blanquísima, mientras el azul del mar contrasta con el verde de las montañas, allá donde Trinidad parece dibujada en una de las laderas.

Y es esa misma Trinidad la que no falta en el disco, presente como hilo conductor de cada acorde. Cada contraste armónico, me atrevo a decir, viene de una de las musas nacidas en la tercera villa cubana. No por gusto Carlitos plasma sus raíces en la canción Calle Alameda, un danzón con la melancolía del Filin y la picardía del Chachachá, pero donde el propio autor prescinde del canto y encarga a sus instrumentos la posibilidad de deslumbrar la nostalgia por la calle donde nació. A la sazón resuena la flauta de Alfredito Zerquera para sentir, como le dijeran en cierta ocasión, el olor a tierra fresca despierto entre los acordes.

Los decibeles encuentran sosiego, por las muestras de gran carga rítmica, entre las exponentes de la música local, premiada con grandes arquetipos de trovadores: Isabel Bécquer (La Profunda) y Pedrito González, quienes en los temas Cabecita Loca, y Yo tengo una rosa, nos recuerdan por qué son hijos ilustres de nuestra añeja villa. De la misma manera en que Simone Santos, desde Brasil, recuerda las cualidades musicales del país de la zamba, una joya bajo el nombre de Ate o Fim.

El desenfado, la jocosidad y la capacidad innata de mover los pies al compás del son… pueden distinguirse en los temas China, Con la salsa y el son (especie de definición de ambos géneros) y Lo que tengo en la vida, con participación de músicos de renombre como Moro Miranda, Dudu Penz, El canario, la agrupación Mercadonegro, Virginia Quesada y Alfredo de la Fe – y es aquí donde la ignorancia sobre la existencia de muchos de ellos me hace sonrojar –.

El álbum constituye la conclusión de una etapa del artista, como me confesara hace unos días. Por eso encontramos una treinta de músicos con los cuales Carlitos ha trabajado a lo largo de su carrera y sirven ahora como plato fuerte, y hasta postre, para regodearnos de un material con sobradas maneras de hacernos disfrutar, cuando termina, hasta impregnarse en nuestro gusto, incluso si no somos amantes de los géneros más tradicionales.

Cuba aun lo extraña, y pasa inadvertido por entre los sectores musicales – así son nuestras paradojas –. Aunque más de una vez el autor ha confesado estar haciendo gestiones para incluirlo en nuestro mercado, los cierto es que tardará en difundirse por los entresijos de nuestras disqueras. Por ahora solo queda acudir a los beneficios de Internet para disfrutar de esta suerte de embajador trinitario de la música en Europa, como lo calificara un colega, quien por 2 años preparó este material con sonido de carruajes sobre piedras, de carnaval y semana de cultura.

Y bien, ya "Son-riendo al Mundo" es un hecho palpable desde octubre de 2012, completamente lanzado en Internet con una aceptación con la cual uno puede quitarse el sombrero y decir: ¡Cuidado con Carlitos!

Algunos puentes digitales para comprar el disco: Aquí, Aquí, Aquí.